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fÉhtaíxim h. c, 4 É 1 1 É f 1 1 1 t 4 1 f- 9o5 CrEL srii educador del pueblo catalán, aquel obispo Oliva q u e ífundri d Monasterio d e kipoll. presidió v? l de C u á c- Tjipuiiü el báculo episcopal de Vicli. reuTijó sínodos p a r a a civíH adóu de su p- iEs y ¿upo cu sus escntos ¡míiiuir l, belleza latina OUM el espíritu u u e v o de! liva u elio. Icniün. ibA un diii u u a carta cscriuL á SLiíi monjil de Ripnll, pTC íuutáudaleís con sraai i n l t r é s por unos blancos cifiUe q; n en el m o n a s l e n o habí. i ypidií- ud lcs detalles de ellos y piírtidpáíjdülea á la VCÍ q u t él tenia iiua licnJlosa j u l l a i ue ya enmendaba á peg ar vuelosn qiic era d e pluniaK rüji as y que í e le aclaraba la voZ V cu t s t a vieja carta de una vieja allua del siglo XI, yo veo ya v i b r a n t e y elarii toda la cspiritnalidad d e Catíi ui a, Las solas íundaeíones no babrían beclio á Oliva uji tipo represeutatívo de CalaUífia; pern lafi fundaciones y este interés suyo por los cisnes d e RipuU v los ratos qne di biú perder en su corral expiando 11 crecer de las aves que allí b a b i a y anotando cl colür d e su plumaje j viendo con intima sattifacció cómo su voz üe fuimaba y aclamaba, todo eslü j u n t o le liucc calaldn, porque todo CBto j u u l o ikti Cataluña. Casi TÍO h a b r á qnicn desconoüca. el comienzo de la fauíosa Oda de Horaciií ¡Bc- ifiu itle r w procul negoíüs. rJ Vo no puedo leer estas palabras sin que me asombre el fuerte y poderoso sedimento latino q u e h a y en el fondo del alma catalana. Todos los hijos de todas las reífionca de Hspxaü. t pueden sentir a m o r por las cosas campestres y hasta deleitarse en líricas expansiones sobre la paz rural. Pero únicamente un p o e t a cataldn es lioy capaz d e revivir cu E s p a ñ a el estado de alma de Horacio al comenzar dicha oda. 1 ¿X lU tus U ¡es Universal; en el pi- ccu tf jíiií estuvo a v e r i o específico latino, én t t 1- kJi. iiiA -m. íH Lj u Hit n u i i i e j a i i 4 i- n v- i i ii- tai rti ui. n i r a l U i I J ETL Í J v i r c L i i J i- i y JIIL y hoy, lo fíj -i j ¿o cutaídn. Horacio no habría escrito su odu sin esas dos palabras. T a n t o es asi. que unior cuando y a las tenemos casi olvidadas y en el decurso de la couiposicióu base desvanecido su ru