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i pTcpTjalii llanuríi de un va io scnliniiciito df? tiistci íi. V. T l: i raxa llenó miíüdo con PU! Í plon: i5i V cmíqnipta. i. ya rrei i u n a n: itría. y eiiiasiclió sus líiuiteSn y la dio alii ntíis d t libertad y conmovió I is alujas- Y ahora, eucsTgada de cuidarM. t suelo, encierra todoíi sus amores en la tierra. Hu la tierra, q u e es p r ó d i g a y iracunda, pero tauíbiíu mimosa y exi; entc como un niño; en la tierra, que da la vida y o u e la consumt: en continuo sacrificio: eu la tierra, q u e Ijuarda el pan, p t r o qutí ijo lo britida sino aespué? de una labor couslaTilc- Grises, cojuo ella, son los cabellos de los hombres que la cuidan: j n s e s síiu su ropas y s u s ea- s. Gris es también la exííilencia lenta, monótona, callada, q u e se desliza por los surcos, al conipsU p e rezoso de la yunta... Hsos hombres no h a n visto más q u e el m u n d o encerrado en una cuantas leguas á la redonda, ni saben d e la vida otra cosa que los eternos v naturales sucesos que delat: in su niarcha; los hechos insignificantes y vulgares en que el hombre interviene con m a n s a y primitiva inconsciencia, I a otra vida intensa, febril, inquietante, pasa á lo lejoH, por la vía Jéirea que llevíi ú los meniiderLii oficíales c u a n l o puede satisfacer sus ambjcíont- í. Por allí viene también t s e tirano q u e