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lnííc: i íjíím. do f u autor, el mislcriüso maestro Mateo, aún aj iianla I UÍ: ICIJIU y resignado Ja saD iión Olí SI. I umra vil losa Íiii: ii: iucria. Liiíi exiJpinadas y angostas callejas bordeadas por antíjíuoü caserones que parecen conveiitos y por randes TTií nnPter: oíi q n c spinojan fortalezas feíidak- s, cribatlas por saeteros y ba IestarC 5 que suben scrpeanito dc. -d. lü vc i hastri tü yedrosos innros d t l ábside d e la cnlr lral d e Oviedo, traen a l a luemoría el frescor sil a vt la soledad v e t u s t a d e a i (ellas otras- ine suben desde la vega hasta l a i e s i a d e San l, circn o, allá en n cnbc la g r a n ciudad en i ntf Alberto Dnrero dejó las iiijs sabrosas muestras di: i aíiOTnbroso genio. (rubiü sidra espumante, al caer C- TI los anchos cuencos de barro, centellea evocando con su áspero perfume ct rincón solilano de la floresta, en donde loí pájaros conversan cou los dragos feroces, íjt; c tienen s uarida en obscuras cavernas jt: uto al remanso verdoso de ios lagos, tranquilos, solitarios y melancólicos, surcados suavemente por blancos cisnes. Ij ¡ri: k c (lile en lo más alto de la m i s escarpada roca de negruzco basalto, cuya ancha bíiserodean