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Todos csío n lu choíi le que recibía iiifin: iíi cuenta Ni polcónn le harf. iu comprender que hnbí. i ñc serle más fácil ñf lo ne en principio crtyrr. i la realíííicíóu d e un pUii liacía nicFes coiicehjilo. y qnc ctinsístía ca lan ar del t r o n o de Sati Kcrn- Tutío á los Borboues p a r a colocar cu ¿1 á un ítiJivíduo 3 e an f a m i l i a Todavía, no obstante, se hacia d u r o al emperador q u e la c e e d a d y torpeza de F e r n a n d o y ÍÍUS consejeros le; iara á tales estreñíoSt y ttuieroso d c q n e las fanfarronadas d e u cunado malograran el é Í t o de u n a emprcíía por t ¡in litienos caminos llevadü, mandó a Hspai i, con cartas p a r a el nuevo vt y. al L- n íral Savíir H liniulnc astuto y solapado, q u e nabia ocultar las arterías del diplomático bajo l a falKa corte a de rudeza tíe soldado. J a mafia que csle- se dio fue tal, q u e no i,6 o consijítiió fácilmente que F e m a n d o enviara á saludar á sn niiijestad ini Hrial y real á tres ü r a n d c i ác Esjiaña primero y á su propio h e r m a n o el infante don Cíirícjs difspiiés, sino que llegó á lo que ¡i él m k n i o le parecía loco ensueñoPersuadiendo al n u e v o rey d e que líoiiap. irle había salido ya cou dirección á Madrid con el íiolo objeto de consolidar en el trouo á 1- cniando VII, hWj v e r á éste lo prato q u e íiería al emperador ue le sallerii al t u c u e n t r o a ñ a d i e n d o qne el viaje íier: i corto, puesto que, lo m á s lejos, en Burgos habían d e hallíirst foT osamente los fíohcrano. sJ oco de iitbjlo, F e r n a n d o aceptó la pTopoüJción, y el lo d e Abril, después d e dejar como gobernad o r a del reino duríintc su ausencia u n a JuiUa, couipuesla de los más de los secretarios del despacito, prc 5 Íd ¡do- s por el inf ntc D. Antonio Pascual, salió por Somosierra. a c o m p a s a d o dií su autijjuo receplor ti arcediano Escúízqniz y otras vUnintas pcr, sonBí; d e su i n t i m i d a d y llevando por esctilla, no fieles y aJií ias tropas españolas, sino soldados franceses, entre los q u e uiás q u e otra cosa, parecía camiuar como prisionero. IV I as pcTÍpecias de aquel fatal y memorable viaje fueron t a l e s que trabajo cuesta á la mente convencerse de que eon ellas no cayera la venda que tapaba los ojos del novel monarca, empeñado en no ver la perfidia d e su a m a d í s i n i o aliado Kl que llegada la coiUjsí (5 n á Burj ot no se bailara allí rastro ní sefial d e la llegada de Napoleón, n o Uu t óbice para que se decidiera á l- crnandti á s i- uír i Vitoria. Pero todavía en aquella capital ÍYic más claro y patente un engaño en f ¿ue todos rejiararon menos los que podían haberle remediado. Ni la desínteresadr abnej ación de nn oficial español q u e con su escasa fuerza se ofrecía á poner en salvo a rey, ni el instinlo del pueblo, i ue quiso cortar IOÍÍ tiros del coche en que Fernando se diri; ía á la frontera, detuvieron ú éste, q u e mas alentó que aquellos leales avisos á los consejos de Kscói qni H llegó el 20 de Abril á cruzar el líjdasoa, p a r a entregarse inerme en manos del que ya n o ocultíiba sus propósitos d e a r r e b a t a r l e la coronaDe ello p u d o convencerse p l e n a m e n t e en San J u a n d e l, u donde Kalléudole al encuenUo moolnoa 3 maltrechos los tres Grandes de Jispaña q u e enviara á Francia, le dijeron: -Todo es inútil ya. señor. De los labios mismos del emperador hemos oído q u e l o s Borbones n o reinarán va más en España, Pero así y todo no perdió el bijo de Carlos IV la coutiaoza, y r: iguió y s i g u i ó todavía, dándose por muy satislecho cuando en Bayona se vio c- strccliado en los bracos d e su auíjusto aliado, Cou aquel abrazo creyó Napoleón abrogada la dinastía q u e había ¡nau urado el nieto de Luis X I V V sin embargo, cegado por la lacilidad con que su buena estrella favorecía s u s planes, n o vio que cu ti borii onte aparecían ya los resplandores del sul del 2 d e Alayo. AríGEL JL C H A V E S IJl UJOA UK UUbELA