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Cf n el hühinTi vtnulti A coiujiartir el favjr n- iíilos íhiques del IiifatilUíJLn. WS: iii Curlns, varoTiL- s q n e ai ex- al caiióníj o tDlcd; iTÍO t- Jl Ululoa nol. iiljíirior lío li; iviriilajah; iii ciettaintiilc t n ayudí: i y f ¡niir: i tlt in tniíf siendo sobre todu. s tllus el más itentlidt i. H el Constju aqiitl rosero hiifóii n: nli: i l edrt Culíítdtí. iiiáfi cociiicido p i r t i n nodt) d e t. A- i ri rrí q u e deíide MI nn. -slr de íij; u; i de hi F u e n t e del Iterro hahia tom: idü íisieclo eo Palíicii) jLijü el modestij título de ayiid: i de cíítimr- í del rey. pero haL Con sus cllocarrcHí s v rdadení arbitro df la voluntades di; JÍU atno. Con tales consejeros, á l o s qixc se uni. -i el infante D. Antonio l ascnal, q u e á todos aventnj iba en sande -é ineptitud, de- poco lialjia de ser ir i ue en el Ministerio biifjcTa c o l o r i d o el nuevo uiíiuarca al uuos h o m b i e s d e otro valer, lides roTUo H- Gou; alo Of: iiT ¡l, D- MiiíUel J n s í de Aí. iuiía y D. Knincisco tíil de Leiuús, Las lUilts, Hinque tímidas advcrtcueiíis d e ÍII ÍUUOS d e los seeretarios dtl de iiai? lio, se estrellaban siempre en la terqiiedail de los otros más influyentes eimM Jeros áulicos, sí algo bueno jiruponían los unos, c o se llevaba á la práetiea aillo lo más descabellado de enanlíi ¿Uts otros ocurría, F e r n a n d o sólo atento á q u e n o se le escapara de las m a n o s un cetro q u e s u s p a d r e s pre; xonal iin ya que les había sido arrebatado por la violL- ncia. n o pensaba en otra cosa sino en que Napoleón reconock- se Ki- libre y e s n n i t á n e a abdicación d e Caríijs 1 y le a í i n u a s e en el t r o n o Para lograr tal cosa, n o había luiuiillaeii m á que no se prestara el nuevo rey. no sólo escribiendo á s u ¡tmado h e r m a n o y señor el emperador d e los franceses cartas que con r u b o r cthUser a la llistoria. sino tolerando las imj eriinenles insolencias, no ya del fastuoso giau d u q u e d e Berj H sino hasta del último d e los oficíides del E s t a d o mayor del Generalísimo, De los muchi en que bp hali le hacía do: regocijaran d e la ocasión que se les ofrecía d e poder complacer á IÍLU poca costa al capitán del siglo. P o r q u e hüv que advertir que si alg uno de los ministros con noble jndi; fnac ¡ón q uiso oponerse á tal entre -i, el rey, que entonces parecía hablar por boca de su tío el Infante, cortó toda discusión diciendo q u e lun ¡leda o de hierro- no valía la p t n a de d i s g u s t a r A su augusto aliado. V el pedazo de hierro- que re rescntaba u n a d e las nuís alla lorias patrias, fu ¿pne -to en manos del íjran d n q u e de Perj; no á e e n c e n o s t, i jados y sigilosamente. iinu en pública y osttutosa ceieinonia, para la que 5 e echaron A l,i calle carrozas eniijeimchadas d e la Casa Real, lacayos vestidos de lujosas libreas, ííaguanetcs de s; nardias de la real peisuna, y liasla en que se h i o desempeñar eT primero y ni jior cierto lucido papel al marques df Astorjía, que como caballerizo m a y o r fué el í raude dvsi; uado pura porlailor de la espada y de una servil mísn a d e S, M.