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Como hay muchas señoras que gozan rezando el rosario y sabiendo en qué iglesia predican don j- uan ó don Mario, y ofras hay que comba 2 n los vicios en fodos los tonos y á los pobres reparten limosnas, trapitos y bonos, y otras hay que asistiendo a teatros disfrutan de veras y hasta saben la historia de todas las tiples ligeras Rosa Pérez, soltera y jamona, va todos los días á correr los hoteles de ventas y las prenderías. Averigua en las planas de anuncios que traen los diarios dónde venden vajillas, tapices, sillones y armarios, y recorre esos puntos (hay días que siete por hora) aunque no necesita ni un trasto la buena señora. Ella va á los emporios de ventas ajusta los muebles, los alaba, ó los facha de cursis ó viejos ó endebles; los araña, los mira, los foca, los toma y los deja, y después, como no la hacen falta, gruñendo se aleja. Y desde una almoneda va a otra, se entera de todo... y así vive la célebre dama gozando á su modo. Mas no obstante llevar esa vida que tanto la gusta, tiene siempre una cara de enfado que á todos asusta. ¿Y usted quiere saber por qué causa la buena de Rosa siempre está disgustada, irascible, ceñuda y nerviosa? Porque no halla una casa de ventas, por más que ha buscado, donde pueda adquirir un marido ni nuevo ni usado. J U A N P É R E Z ZÚÑIGA 1