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La Píaza Mayor. K o i i mandato de la terrible diosa Acttiali dad, á quien servimos los plumíferos de la edad presente, voj á dedicar cuatro generalidades á la Plaza Maj or de Madrid... Declaro públicamente mi simpatía por esta Plaza... Está situada en el centro de la capital, junto á la Puerta del Sol, por donde pasa la vida moderna; la adornan unos jardincillos vistosos y una estatua de bronce qxie se yergue altiva sobre su pedestal. la cruza el tranvía eléctrico; tiene sus fachadas revocadas y urbanizado su recinto... Mas, á pesar de todos los esfuerzos hechos para modernizarla, conserva su aspecto clásico, sugestivo... ¿No habéis visto sus arcos, sus portales, sus balcones corridos, sus Casas Consistoriales, sus torres y sus relojes, reproducidos en otras tantas plazas d t otras tantas viejas ciudades españolas... Firme en su puesto, ve pasar los años con indiferenci a. Sus murallas de piedra defienden al viejo Madrid, que se asoma alegre y laboriosC por la calle de Toledo... En sus tiendas modestas duerme el antiguo comercio cantado ei la epopeya galdosiana... Oh admirable Plaza IM i i f los duelos con pan son menos, también con pan son mayores las alegrías. Es, en efecto, la alegría que se nos desarrolla de pronto quien nos lleva a l a Plaza Mayor en bu 3 ca de armas y bagajes para la gran batalla gastronómica... Con su color nos incitan la. s sabrosas friitas apiladas sobre los blancos paños; con su olorcillo nos atraen los turrones y los dulces; con su ruido el cascajo escondido en lOS burdos sacos, para recordarnos que no hay qtxe fiarse de las apariencias... Y allí están también las víctimas que serán inmoladas, pues está escrito que el hombre no puede ser feliz si no hace daño ó mata á cualquier compañero de cualquier especie, aunque para el disfrute de todos fué creado el mundo que vino á salvar el Niño á quien dedicamos estos banquetes familiares... Los orgullosos pavos, las fecundas y cuidado. sas gallinas, los tranquilos y burgueses capones, serán pasados á cuchillo: nosotros los devoraremos con ansia, sabiamente alternados con otros platos indigestos, con otras terribles frioleras; haremos oportunas y frecuentes libaciones. Y entonces recordaremos el día en que empezó la liberación humana... Pero en verdad os digo, c ueridos hermanos, que más que celebrar el Nacimiento del Hijo de Dios, parece que celebi amos nuestro propio pesebre... Gil, PARRADO YEIv- DEDOlíAS DE PAVOS Y G A L L I N A S f que en tus buenos tiempos! Yo alabo en ti la virtud de la consecuencia, que no podemos alabar en nuestros hombres públicos. Y así lo declaro, al felicitarte, ahora que son tus días... ¿No se puede felicitar á una plaza lo mismo que á nn amigo qrie se quiere? Plan llegado, en efecto, ios días de la Plaza Maj or. Sólo se ven en ella de ordinario los sacamuelas, vendedores de específicos y comerciantes al martillo que pregonan sus productos y ofrecen sus servicios; y animando los jardincillos, niños y militares sin graduación, c- Í el ama ó niñera qua por clasificación les corresponde... Mas ahora, todo Madrid discurre por sus vías, se estruja, se amontona, camina lentamente: arden allí mil lueecillas de todas clases, formas y tamaños, y púOblan sus aires gritos pregones... Va 3 amos allá con todos nuesros convecinos á dar pisotones y codazos, á entregarnos á sus mismas tareas. Porc ue ahora no se celebran en la Plaza Mayor justas ó torneos, ni hay toros y cañas, ni siquiera un auto de fe. Ño; vamos á prepararnos para recordar un auto sacramental- -el Nacimiento del Niño Jesús- -adquiriendo las vituallas precisas en nuestra mesa la noche de la ruidosa cena... ¡Extraña paradoja! 1, íi humanidad celebra la más alta fiesta de su espíritu con un homenaie á la materia... Y es que así como 15 I ¿i iívMr I f -íi iÁu o. UJST PUESTO JJE EELÍTAS uií PUESTO DE (JASCAJO