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ese aparato teniendo en cuenta su materia delicada y no desatendiendo la posibilidad de tenéráelo que coroer. Pero acaso el nombre de Los cinco sentidos ó de Le phonographe aux cinq sens, aunque más adecuado, no parezca al autor tan sonoro y eufónico como el ¡Ettreka! que en cuesticSn de fonógrafos la eufonía del nombre no deja de ser importante, y pasemos por el ¡Eurekal que, al fin y al cabo, menos mal encaja en un fonógrafo que en un par de zapatos. ¡Los cilindros ó discos de chocolate! ¡El fonógrafo comestible! Plácemes sinceros merece, sin duda alguna, el inventor que, con tan original ocurrencia y con tan acertado procedimiento, ha seguido el consejo del preceptista latino mezclando utüe dulcí... con ó sin canela, juntando, si no la instrucción y el recreo, el recreo y el chocolate, que, al fin, es un alimento del cuerpo como la instrucción lo es del alma. Además, ¡cuántas innegables ventajas tiene el fonógrafo comestible! Pensemos en el estudiante, aunque aplicado, torpe, á quien una asignatura no le entra que devora el texto, pero que no lo puede digerir ¿No es posible que oyéndolo una y otra vez en el fonógrafo, y comiéndose luego los cilindros, consiga digerirlo. í Cierto es que corre el peligro de que la asignatura se le indigeste doblemente, pero... Pensemos en el político que en la oposición lanza su correspondiente programa pomposo y radical con halagüeñas promesas, planes salvadores 3 compromisos solemnes. El aparato recoge el programa y lo conserva en sus signos fonográficos. ¿Podrá extrañar á nadie que el político, comiéndose los discos, cuando llegue al Poder se trague cuanto dijo en la oposición? El acto material que permite el nuevo fonógrafo será tan natural y corriente, que alejará la idea del aspecto feo y bochornoso que hoy tiene el acto moral de tragarse lo dicho Pensemos en los enamorados que con frenético apasionamiento procuran beber las palabras amorosas en los labios de sus ídolos, con evidente riesgo de la moral. Ahora, con ese fonógrafo, podrán tranquilamente comérselas sin detrimento del pudor y saborearlas, por lo menos, con gusto del paladar. Aunque en este caso la moral no padezca ni el pudor sufra detrimento, como de palabras amorosas ha de tratarse, bueno será recomendar que en ese y otros casos análogos no se eni- pleen discos ó cilindros fabricados con chocolates de los RR. PP. Benedictinos. En estos tiempos en que las coplas pica- rescas y los tangos subversivos no sólo corren de boca en boca, sino también de cilindro en cilindro, conservados y repetidos por fonógrafos de todas clases, no está de más la advertencia, y toda precaución es poca. La musa descocada y la musa barricadera hacen de las suyas, 3 el fonógrafo, que todo lo aguanta todo lo repite. Verdad es que cuando algún cilindro ó algún disco de chocolate de ese fonógrafo ¡Eureka! nos diga ó nos cante algo que pueda molestar nuestros sentimientos púdicos, piadosos ó ministeriales, podremos á nuestra vez repetir aquellos dos conocidísimos versos que dice el mentecato monarca en el popular drama de Gil y Zarate. Carlos U el Hechizado: ¡Qao onciorro t a n t a maldad an poco de soconascü! DIB OS DE MÉNDEZ BRINGA FEMPE PÉREZ Y GONZÁLEZ