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Kwista iíusfmía AÑO XV MADRID i3 DICIEMBRE DE 1905 N U M 764 1 OS AMIGOS DEL MUSEO. UNOS ESPECTA- más arriscados, sin duda de estos guerrilleros -DORES. Comenzaré diciéndoos que este Jeró- díscolos, casquivanos, que no faltan nunca en los nimo Bosch es un pintor un poco extraño. Y eiércitos, han reparado que allí, cerca de ellos, ¿quiénes son estos espectadores de que vámosla iiaDia una cabana. Acaso una luz suave, misteriosa, envolvía en hablar y que figu estos nioméntos diran en ía tabla que cha cabana; ello es tenemos ante la visque e s t o s combata? ¿Qué es lo que tientes curiosos se contemplan e s t o s han alejado por un espectadores? ¿D e instante del ejército dónde vienen y y han encaminado cuáles son los plasus pasos hacia la nes de estos especchoza. Y al llegar á tadores? Ellos, lecella diríase que una tor, son unos homfuerza desconocida bres buenos y senha detenido sus pacillos; Bosch, en su sos, ha paralizado cuadro, ha pintado sus movimientos y en el fondo una ciules ha impedido, en d a d fantástica; s e ííMSf una palabra, dar la v e n cúpulas bizavuelta á la zahúrda rras, chapiteles e x y observar lo que traños, techumbres en ella pasaba. No quiméricas; no sanosexplicamosbien bemos si es de día nada de esto; yo os ódenoche; unaluna digo por tercera vez redonda, amarillenque este Jerónimo ta, puesta en medio Bosch es un pintor de u n c i e l o azul, un poco extraño. Y preside e s t a urbe sea como fuere, esmaravillosa Y á la t o s guerreros que. izquierda, una banhabían abandonado da de caballeros que las filas no podían c a b a l g a n en sus volver á ellas s i n coixeles, corren lihaber satisfecho su geros y alegres por curiosidad, y como la campiña; son gueno tenían otro rerreros, son conquiscurso, dos de ellos t a d o r e s caminan se han encaramado junto á e l l o s dos sobre la techumbre perritos (estos simde la barraca (direpáticos p e r r o s de mos de paso que de los regimientos, que estos dos, uno nos j a existían en las parece mujer y llemilicias romanas) va a b r a z a d a una más lejos, una pagaita, no sabemos reja de enamorados con qué objeto) pasea tranquila, inotro, se asoma por diferente á todo lo el extremo de una que le rodea. No sé paredilla, y un cuarsi vosotros distinto, pudiendo hacer guiréis b i e n todo lo m i s m o que el esto en la fotografía, y yo os repito desde luego que este Jerónimo tercero, ha teniao la idea absurda de practicar Bosch era un pintor un poco extraño. Los gue- un boquete en el muro y de mostrarnos por él su rreros de que hemos hablado marchan rápidos á faz curiosa. Y. así están en el cuadro estos cuaencontrarse con otro ejército que asoma por la tro espectadores atalayando una escena que no parte derecha del cuadro. Nicolás Maquiavelo ha habían v i s t o j a m á s ojos humanos y que les dicho en su Zi iro dell arte dellaguerra, que la guerra llena de estupefacción, dé asombro: la de unos campal é la piú neccessaria e lapñí onorata, y nosotros rej es que hacen- sus homenajes á un niño pobre, contemplamos llenos de interés estas dos legio- humilde. Y de este modo, (y esta es la profunda nes campales que dentro de un momento van á filosofía de este pintor loco, que parece que no luchar. Pero hay algo aquí, en esta pintura que pensaba nada) estos espectadores, hombres de nos interesa un poco más: el escuadrón de la guerra, representantes de. la fuerza, pertenecienderechase halla vadeando un río; ya casi todo éi tes á unos ejércitos que van á destrozarse, acase encuentra metido dentro del agua; sin embar- ban de ver nacer al que va á desparramar sobre go, al llegar á la orilla para internarse en la co- la haz del mundo la paz, él amor y la concordia... rriente, cuatro ó seis guerrilleros, sin duda de los AZORIN