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í S -Vi. -J? i. ¡Mira cómo late! -susurró mi amada, trémula, rendida, llena de emoción... ¡y tomó mi diestra pálida y cansada y la puso encima de su corazón! Inquietante dueño de mis horas tristes, ¡cuan emocionado tu iic- tac oí! Ya mis dudas cesan porque sé que existes. ¡Ay, corazoncito! Latirás por mi? Se agitó mi mano con tu ritmo suave, que perpetuamente volveré á escuchar; con tus intranquilos aleteos de ave, que á los cielos mira sin poder volar... Desde aquella santa, luminosa fecha que impulsó mi vida, que cambió mi ser, tiene al so de augusta mi mano derecha y arde en entusiasmo, vibra de placer... Como si blandiese vencedora espada surca los espacios que ha de conquistar... Como noble enseña signa desplegada... Por donde ella pase la veréis triunfar! Bálsamo es que cura penas y dolores y se ofrece á todos efusiva y fiel... Va por los abismos derramando flores... Del humano cáliz verterá la hiél! ¡Que mi mano es santa! Brilla consagrada para las bondades, para la ilusión... ¡Porque entre las suyas la tomó mi amada y la puso encima de su corazón! Antonio PALOMET O D I B U J O UE M É N D E Z BRINGA