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coisrsT MTiEroFXv líM jí N viaje desde nuestras costas levantinas á Constantinopla es un recreo no comparable con ningún otro, que debiera disfrutar todo el que tu viese medios de proporcionarse tan costosos placeres. Al paso se saludan ciudades famosas: Marsella, Genova, Ñapóles; luego Mesina, las islas del Mar Jónico; y doblado el cabo de Matapán, las del Archipiélago griego. Los nombres de las bahías, de los pueblos, de los montes y de los a r d e Mármara, coneleva sus templos y quierda, la Constantinopla europea, que se mira en las aguas siempre tranquilas del Cuerno de Oro. Muchas veces en los líltimos siglos ha pasado y repasado la civilización la vida por aquellos mares y aquellas orillas, y bien puede asegurarse que los hombres más acostumbrados á contemplar espectáculos hermosos siéntense poseídos de admiración al ver á Constantinopla por vez primera. Menguada idea de aquella vista dará siempre la descripción más pintoresca. Desde la torre del Seraskierato, ó desde las alturas que dominan Stanibul, se divisan las orillas de dos continentes: el cementerio de Scútari eleva al cielo sus cipreses seculares; la; dos márgenes del Bosforo, cubiertas de hotelitos y de casas, dibujan sus contornos de recreo, y en las lejanías se alcanzan á ver las tintas obscuras de los valles umbrosos y de las colinas escalonadas, que ascienden en suave gradación hasta formar las cimas nevadas del Olimpo de Bitinia; en el mar de Mármara conctirren embarcaciones de todas clases: frágiles y graciosas barquichuelas, pesadas y negruzcas gabarras, barcos veleros y magníficos vapores envueltos en airosos penachos de humo. Si no espaciáis lejos la mirada, contemplaréis la ciudad, las cúpulas de las mezquitas, las torres gallardas, los elegantes minaretes, las balaustradas caprichosas de los ciclópeos monumentos que dominan edificios más humildes; veréis el puerto, y en él, bosque apretado de mástiles, red inextricable de jarcias que tejen extrañas figuras geométricas; y más allá admíranse luego otras torres, otros LA MEZQUITA DE SEIS T O P E E S Y DIECISEIS M I N A E E T E S LLAMADA DE A l í B D templos, otras cúpulas, otros remates. Panorama siempre admirable y siempre uuevo, que no cansa á los ojos ni al recuerdo! Al hablar de Constantinopla, no pueden menos de recordarse sus mezquitas, entre elias la de Anied, donde se celebran las fiestas del Bairmiz; la de Nuri Osmanich, la elegantísima de Bayaceto, la do Solimán el Magnífico, cuya cúpula es cinco metros más alta que la célebre de Santa Sofía. No lejos de las blancas paredes del Serrallo, álzase el templo de la Divina Sabiduría (Santa Soiía) cuya cúpula es una niaraA illa arquitectónica de labor imponderable, á pesar de haber sido profanada bárbaramente por los turcos dominadores. También existen en Constantinopla muclfias iglesias católicas y capillas armenias 5 evangélicas. Da ciudad muestra por todas partes signos de su pasado glorioso, cifras de su grandeza actual y vislumbres de su futura magnificencia. De un lado, ruinas de monumentos hablan de la vieja historia. Da columna de la. s Serpientes, el monasterio de Baluklu, el castillo de Vedi- Kale, la Pirámide, la antigua muralla, son huellas grandiosas del antiguo poderío de la ciudad. De la vida pletórica actual, son señales los mercados, los famosos bazares, donde se escuchan palabras inglesas y alemanas, vocablos franceses é italianos, rusos ó árabes, y á veces también frases dichas en un castellano arcaico y pronunciadas con una acentuación exótica por los judíos que abundan en los Estados Balkánicos ó por los que habitan en Orta- Kieni, pueblo de la margen europea del Bosforo. Concurren á los bazares de Constantinopla mercaderes de la Siria y del Egipto, de la Bulgaria y de la Persia, de Albania, de Hungría, de las grandes naciones europeas, y allí se ven trajes pintorescos y ricos, el lujo y los andrajos de los dos continentes. De la prosperidad venidera de Stambul, son muestra el aumento de la población, que hoy rebasa la cifra de 900.000 habitantes; la desaparición de barrios infectos, sustituidos por otros de aspecto completamente moderno. Dos barrios de Janar, Pera y Gálata, se han modificado en pocos años; el cintillo de quintas de recreo del Bosforo tiene una longitud de veinticinco kilómetros, y la invasión europea es paulatina y constante, aunque pacífica. Si es archivo, pues, Constantinopla de grandezas pasadas y de riquezas presentes, también dibújanse ya para lo porvenir magníficos esplendores. y VISTA (Tlf TiíT; A, T, -mí CONSTANTINOPLA. DE SU PUEIÍTO Y DIí UNO DK LOS P U E N T E S DE BAK UAS