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KXv tJI TIIvIO YIJLJK Í R A S E un buen viejo solterón, solo, avezado desde muy joven á pelear con la vida, dejándose llevar SAV utias veces de los tremendos barquinazos de la desgracia por natural apatía, y otras Incliando con ella á brazo partido, éstas más bien por instinto de conservación que por el deseo de mejorar su estado. Ello era que, bien ó mal, había visto sesenta y tantos inviernos sin padecer dolencia que pudiera tenerse por grave, á pesar de lo cual, ó quizá por lo mismo, era muy aprensivo. Sus conocidos- -amigos no los tenía- aseguraban que era egoísta en grado sumo, tacaña y nada aficionado á tertulias y reuniones, porque en ellas podría correr el azar de te ner que privarse de fumar, vicio por el cual sentía extraordinaria afición, antes que dar una ronda. Recorriendo la Muerte el barrio en un día de los más rigurosos de aquel invierno, se acordó del mencionado solterón. ¿Qué hace ese hombre tantos años en la tierra? ¿qué fin cumple? -se dijo á sí misma. Y resuelta penetró sin llamar en el cuarto de su futura víc tima, en oca. sióu en que ésta, alarmada por un ligero dolor de cabeza que tenía, iba á meterse en el lecho. ¿Quién es, que Casí entra sin pedir permiso? -ouv v (j- -lepúso la Muerte, -una pobre viejecilla á quien todos irremisiblemente tienen que rendir cuentas y á quien nadie querría ver nunca; la que por su nial no puede ahorrarse tal molestia ni tan enorme trabajo; la que iguala al pobre con el rico; la C ue no entiende de pasiones ni afectos; aquélla que carga con las culpas ajenas; el instrumento de los errores de la ciencia muchas veces, de la imprudencia no pocas, de la vesania otras, de la humanidad misma siempre. Nunca me presento á escoger víctimas, me las dan y a escogidas; soy tan débil, tengo tan poca voluntad, que jamás me niego á las solicitudes de unos y cíe otros. ¡Cuándo vendrá la niuer e! oigo que dicen algunos, sin deseo de que vaya. Yo no V 03 -respondo en mi fuero interno; -me llevan. V ¡Si yo no quiero mal á nadie! -Pues ¿quién te manda cont ra mí? -Tú mismo. -Yo no, ¡mentira! -rugió el viejo con todas sus fuerzas. -Ve que te engañas; tú mismo. -Huye por Dios, te lo ruego: soj joven aún. ¿Joven? Protesto de semejante mentira; di más bien que no eres muy viejo. ¡Yo te conjuro, visión del demonio; huye y vete á buscar á quien fuere más merecedor de desaparecer del mundo de los vivos! -Hay otra vida mejor. -Yo estoy muy bien en ésta. ¿Tienes hijos que te lloren? -No; ni pai icntes que me hereden. -Muy bien, pero tampoco tienes ningún alto fin que llenar en edad tan avanzada. ¿Te parece poco seguir viviendo?