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HOTEL DE LOS SRES. DÍAZ DE MENDOZA E ha dicho mil veces- -vaya las mil y una- -que en el vSr. Díaz de Mendoza, el actor, el hombre sujeto á los rigores del trabajo, no ha podido matar ai hijo ile magnates acostumbrados á todos los esplendores de la vida. Acredita este aserto ese precioso hotel de deslumbradora blancura exterior que el Sr. Díaz de Mendoza se hizo construir en- ¡paitado y aristocrático barrio. Delicioso hotel repleto de suntuosidades que ensalza de nuevo la grandeza del señorío que a la personalidad del Sr. Díaz de Mendoza vino- soldada por ley de herencia. Mucho era edificar tan selecta mansión y alhajarla con refinado gusto. Hartos proceres se contentarían con ello y con disfrutar de ese lindo alcázar. Pero D. Fernando Díaz de Mendoza es más gran señor que todo eso; lo construyó, lo decoró, lo alhajó y no lo habita. A las once de la mañana ya. sei oye en las calles céntricas el taff taff del autoihóvil que conduce á doña María Guerrero y á su esposo al Teatro Español. En el teatro almuerzan, en el teatro permanecen toda la tarde ensayando, en el teatro comen, v después de la función nocturna persisten en el teatro hasta las dos ó las tres de la madrugada disponiendo nuevas obras escénicas. Eu el hotel, por tanto, duermen y se desayunan únicamente. Salvo esto, la deliciosa mansión fué construida uo para sus dueños, sino para la servidumbre. Ya dijo un clásico español quedas cosas son el primer día para el que las adquiere y el resto de los- días para todos los demás. Pero, y entonces, la alegría de la serré, la lujosa confianza del hall, la sun tuosidad del salón, el austero retiro del despacho, -quién los goza? Nadie; son preciosas creaciones de un habilísimo director de escena que están esperando inútilmente á los personajes de el Sr. Díaz de Mendoza es tan excelente director de escena! ¡Con qué arte tan refinado están dispuestos todos los elementos decorativos! Ya sé j o que las animadísimas fotografías cuajadas de personajes ilustres ó simpáticos que rodean estas líneas, contradicen mis afirmaciones, pero también hay ensayos generales con todo- -según la jerga teatral- -de obras que desaparecen en seguida del cartel. ¡Cuántos, señor, cuántos soñarían con una casa como esa para vivir en en sus pensamientos ó en sus afectos íntimos, y en la elegancia, el arte, la comodidad y el lujo del rededor! Mas parayéso, tales personas habían de ser suyas, recogidas, apartadas del trato de la colectividad, porque el verdadero hotel de los Sres. Díaz de Mendoza es el público, y los que al público se entregan y consagran, aunque construyan precioso- edificios y los alhajen y los decoren y los colmen de todos los elementos que hacen suave y amena la vida, esos ¡infelices! nunca tendrán casa. FOTS. MUSOZ DE BAENA JOSÉ DE R O U R E 1. El despacho. 2 Vista exterior del hotel. 3 En el salón 4. Los Sres. de Díaz de Mendoza y sus liijos 5. Dispaniéndose á ¡r al Esp iiol- 6. -Pertutia í n t i m a 7. EJ Sr Echtígaray visitaiíd: el hotel 8. tía el comedor.