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ANO XV MADRID 2 DICIEMBRE DE 1905 N U M 761 OS AMIGOS DEL MUSEO. UN BUEN SEÑOR. Pedro Berruguete, en su tabla del Museo del Prado, nos ha conservado su figura inmortal. Es un hombre sencillo, discreto, apacible. No le sucede nada; le notificaron hace unos días que tenía que venir á presenciar este espectáculo, y después lo olvidó; esta mañana, cuando ya estaba todo preparado, cuando ya iban á subir los primeros reos al tablado, viendo que no venía, le han enviado un paje para llamarlo. El paje le ha encontrado todavía en la cama. Rodrigo, que es el mayordomo de su casa, se ha opuesto á que se le despertara; doña Giomar, la vieja dueña, que sabe las indignaciones terribles que el señor coge cuando se le despierta, levantaba ante el paje las manos al cielo é invocaba á la Virgen del Carmen y á la de las Angustias... Sin embargo, había que proporcionarle este disgusto al señor; un segundo paje ha llegado, y ya entonces, D. Rodrigo ha entrado en la cámara del ilustre personaje y ha abierto las ventanas. Cuando el señor se ha enterado de por qué se le despertaba ha dicho sencillamente: ¡Ah, sí, es verdad! se ha vestido, ha tomado sosegadamente un refrigerio y se ha encaminado á la plaza de la ciudad. Al verle llegar, el auto ha comenzado: sólo faltaba él. Dos reos han sido aupados al cadalso, y allí se les ha hecho pagar con sus vidas sus delitos; después han de ser quemados sobre una hoguera. En tanto, nuestro amigo, acomodado en su sitio, se revolvía á una parte y á otra buscando una postura cómoda; acaso este asiento en que él está sentado se le antoja un tanto duro; tal vez piensa que él no hacía falta en esta función, y que mejor estaría á estas. horas durmiendo Bajo del estrado, ápocos pasos de él, otros dos reos son llevados al cadalso; á su izquierda, en el cadalso, los anteriores heresiarcas, muertos ya, muestran sus cuerpos rígidos, yertos. Y el excelente señor, á quien no interesa nada de esto, ha acabado- -como nos lo muestra Berruguete en su tabla -ha j acabado por echar hacia atrás el ÍDUSÍO, C. por entornar los ojos y por sumirse en un plácido y agradable estupor. Quizás los reos suplican, gimen, lanzan plañi- dos angustiosos; es posible que una multitud, que no vemos en la pintura, grite á lo lejos. Nuestro buen amigo dormita sosegado... Y cuando acabe el auto volverá tranquilamente á su palacio. En él habrá anchas y confortables estancias: un huerto con frondosas avenidas de olmos se extenderá detrás del caserón. Y entre estos frescos olmos, después de un buen yantar, nuestro épico amigo dará unos paseítos antes de tomar su siesta inevitable. Ca estos son los arbores do debemos folgar- -pensará el buen señor con Gonzalo de Berceo; -en cuya sombra suelen las aves organar AZORIN