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Para ellas desconocido, llegó aquí el primo, á la vez que daba de alta el doctor á la niña de Isabel. Desde entonces, hija y madre, con tanto ardor como fe, no omitieron medio alguno para pescar al doncel. En fin, le acosaron tanto para atraparle en su red, que escribió á la madre un día lo que ustedes van á ver: Daría con mucho gusto mi mano á Pepa, porque es un modelo de mujeres; pero ha de saber usted que á mí me gustan las chatas con nariz de cascabel, y la de mi prima veo qne no es la que yo soñé... Y hoy, mientras Pepita, en vano procura retroceder, frotándose las narices contra la dura pared, el primo está en relaciones y se casa antes de un mes con una chica muy chata, sobrina de un coronel. Pepa, la niña mediana de mi vecina Isabel, era tan chata la pobre como de fijo no hay tres, y aunque lloraba por nov nadie se animaba al ver aquella nar r ridicula en forma de cascabel. Cuando más triste se hallaba, hubo Pepa de leer en El Liberal qu cierto sabio doctor parisién variaba las incorrectas facciones de la mujer sacando punta á las chatas con la mayor sencillez. De dulce esperanza llena fué á verle Pepa, y después de someterse á un massage de cinco meses ó seis, logró, por mil pesetillas, hallarse en posesión de una nariz casi griega que no había más que ver, arreg! ida tan en firme, según el doctor francés, que no podría ser chata jamás, como antes lo fué. Mas el móvil verdadero de su afán por parecer correcta, era que sabía que su primo Juan Manuel, muchacho soltero y rico, pensaba tomar el tren para venir desde Cádiz á buscar aquí n. ujer