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BíartcoyNép Revista Üustmía ANO XV MADRJD 25 NOVIEMBRE DE! 9o5 NUM. 760 1 OS AMIGOS DEL MUSEO. UN ELEGANTE. Este querido amigo nuestro que aquí aparece- arrancado de un cuadro del maestro Goya- -es un elegante, es decir, es un petimetre. Los petimetres son unos jóvenes terribles; todos los moralistas de la época están indignados contra ellos. ¡Qué cambio en las costumbres! -exclaman estos graves varones. -En el siglo pasudo, ó sea en el KVII- -continúan pensando, -todo era virilidad; en éste, en el xviii, todo es blandura y afeminación. Ante, todo, han desaparecido los airosos y empinados mostachos de los antiguos hidalgos; todos ahora se afeitan barba y bigote, con gran escándalo de los viejos. Desaparece el bigote- -escribe Feijóo en su discurso Las modas, del cual no pueden acordarse, sin. dar un gran gemido, algunos ancianos de este tiempo Después, las mujeres han tomado unos aires de familiaridad 3 de ligereza, alarmantes; entre otras cosas que hacen, es tener pehiqiieros m a s c u l i n o s Otro moralista, Joaquín de Paz y Monroy, se muestra también un t a n t o furioso por esta práctica, en su íibio Kl no se opone de. inuchos v residencia de ittgeiiios, publicado en 1739. Ei dejarse peinar las mujeres por los hombres es indecencia escribe el Sr. Paz textualmente. Y no es esto sólo: las señoras no se contentan con servirse de peluqueros varones sino que han dado en la flor de hablar á gritos en las tertulias. No puede darse nada más absurdo, ü n tercer moralista, el Sr. Alvarez de Toledo, aprovecha la ocasión de escribir nada menos que una Historia de la Iglesia, para dejar consignada con disgusto esta observación importante: Hablan todos y todas á gritos -dice el señor Alvarez en su libro. -Y no p a r a a q u í todavía el desenfreno, sino que además de usar peluqueros varoniles y de hablar á gritos en las visitas, estas locas mujeres han dado en mover los pies de un modo extraño cuando caminan. Un cuarto moralista, el señor D. Francisco Eópez Salcedo, muestra asimismo un vago asombro por esto en un raro folleto, Despertador d la moda y soñolienta idea de capricho dormido. No sé cómo diablos- -dice el Sr. López- -mueven aquellos pies, embelesos de lascivas tentaciones, que parece que van, aun por la calle, danzando la pavana. Y todavía, aunque parezca monstruoso, hay más: estas damas desenfrenadas, aparte de lo que ya va dicho, han dado en poner sobre sus cabezas adornos y artefactos extraños, figuras bizarras y escandalosas de que no había antes ni la más remota noticia. Un quinto escritor moral, el Sr. D. José Fajardo, no puede de ningún modo transigir con tal invención: dice lleno de ira en su opúsculo El tribunal de las damas, dado á luz en 1755, que este es un adorno infame de las señoras mujeres y añade, en el paroxismo de su indignación, que no conviene que se deje noticia á la posteridad de tal idea criminal, porque trascendiendo de generación en generación la infamia presente, redundaría en oprobio de la nación española La noticia va á trascender por medio de las páginas de esta Revista, y no sabemos si la nación española se llenará de oprobio. Ello es, lector, que el elegante mozo que tenemos ante los oíos es una de las más brillantes figuras de esta sociedad depravada del siglo xviii. Es un petimetre. Cadalso, en sus Anales de cinco días, ha hablado de ellos con donosura, y en un librillo anónimo publicado en Madrid en 1796 con el título de El tocador ó el libro á la moda, hallarás punto por punto lo que el petimetre hace en todas las horas del día. El petimetre se levanta á las doce; se lava y se perfuma; come; toma café; juega con un perrito acaricia un papagayo hace visitas; va al teatro; cuando sale de él maldice á su cochero, que está borracho se acuesta en una magnífica cama y se duerme. Tal es la vida simple y admirable de este hombre elegante, sutil, con su casaca y sus medias blancas de seda, que estamos contemplando. rOT. LACOSTE AZORIN