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íV Ti- i -rS A ISXv CK- ISO- Il AlM r É la primera vez at. c existió en la tierra un gran químico y un gran inventor que al propio tiempo fuese un hombre de mundo, conocedor de la sociedad y capaz de aprovechar en favor de sí mismo su invento: tal fué el llamado Paracelso Pérez, nacido en la Alcarria, hombre que durante su nif. ez y su juventud pasó grandes privaciones, que estudió la carrera de Pharmacia metido en una trasbotica haciendo emplastos y modelando pildoras, y que al tenniuar la carpera tuvo que seguir cu el laboratorio por falta de recursos para comprar ó tomar al traspaso ir botica Paracelso Pérez, hijo de un químico arruinado en una explotación de sales de potasa, había nacido entre retortas y tubos de ensayo. No obstante, la Química general no le entusiasmaba: pero llegó á ser discípulo de un oran sabio, orador elocuentísimo que se había empeñado en estudiar las reacciones químicas producidas por la electricidad en el cuerpo humano, ciencia novísima que bautizó con el nombre de Electro- bioquimia, y entonces todas las facultades de Paracelso Pérez se despertaron, y concibió su oran pensamiento, el invento prodigioso que le hizo célebre y que le hizo desdichado. El problema se planteaba, en opinión de Paracelso, de una manera sencillísima. Tratábase tan sólo de llegar á descubrir, no las leves, sino los procesos ó relaciones electro- químicas que hay entre los cuerpos vivos y ver el medio de producir artificialmente estas relaciones, industrializando después el invento de cuyas aplicaciones á la vida social no podía dudarse. Cuando habló del asunto con algunos químicos prácticos, se le rieron en sus barbas. Pensaron que se trataba de un hipnotizador ó sugestionador vulgar con cierto barniz científico. Aquellas risas despreciativas fueron provechosas á Paracelso, quien resolvió trabajar solo, sm dar cuenta á nadie de los avances que fuera haciendo en su invención. Se aplicó á ella con singular empeño y como suele ocurrirles á casi todos los descubridores, buscando una cosa, encontró otra. Corno comprendía la importancia que para la humanidad había de tener el descubrimiento de los nexos electro- químicos de la vida, se aplicó á estudiar la ciencia sociológica y la política, y en la medida de sus cortas fuerzas procuró tratar gentes de todas las clases y categorías sociales, para estudiar sus relaciones mutuas, los puntos de coincidencia y de disparidad de sus energías psicofisiolóo- icas, etc. Quiso, en suma, conocer á fondo la sociedad, en la que su descubrimiento había de producir uña revolución, y la conoció lo mejor que pudo. 1 1 Eno- olfado en sus estudios psicológicos y sociales, no dejaba de la mano los experimentos de electroqunnia Un día la casualidad le. hizo dueño del más grande é importante secreto que ha poseído químico aiguno, desde los viejos alquimistas hasta hoy. n Había hecho pasar diferentes corrientes eléctricas al través de unos tejidos orgánicos de ranas y de ratas de Indias recién muertas, cuando desviado uno de los hilos fué á parar á un electro- imán. De pronto con extraordinario asombro, advirtió que un objeto pequeñísimo y reluciente aparecía pe-