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ANO XV MADRID 1 NOVIEMBRE DE 1905 N U M 758 T O N JOSÉ NIETO. Todos conocéis á D. José Nieto. No, no -diréis vagamente vosotros, tra tando de recordar tal nombre y conviniendo al fin en que no acude esta figura á vuestro cerebro. No, no -repetiréis vosotros. -Sí, sí- -afirmo j o; -todos conocéis á D. José Nieto. El pintor D. Diego ha colocado las figuras y ha comenzado á pintar el cuadro; delante, enfrente de él, en un testero del salón, están nuestro amado monarca D. P elipe y nuestra reina doña Mariana. Después, al lado del pintor, una niña con la cara sonrosada y el pelo de oro se arrodilla ante la linda infantita Margarita María y le ofrece, un búcaro bermejo; otra niña gentil permanece en pie, un poco inclinada, á la otra vera de la infanta; á par suyo Mari- Barbóla, la enana, tiene la mano puesta en el pecho y se yergue silenciosa con una gravedad digna; un enanito, Nicolás Pertusato, vivaracho y nervioso, pone uno de sus pies diminutos sobre un noble y paciente can que dormita epicúreo con los ojos á medio abrir. Serio. s y atentos, una dueña, un servidor de Palacio y D. José Nieto, detrás del grupo de los niños, esperan que el pintor dé principio á la obra. En la cámara hay una grata y fresca penumbra; cae fuera Tin sol abrasador de estío. D. Diego ha cogido ya los pinceles y se apresta á pintar. Entonces, antes de comenzar su obra, se detiene un momento ante el lienzo, echa la vista en derredor suyo, mira la luz de las ventanas, observa la puertecilla del fondo... y lentamente se dirige á D. José Nieto. Don Diego le dice á D. José que él debe colocarse allá en el corredor, subiendo por unos breves escalones de piedra, junto á una cortina. D. José hace una reverencia y se encamina lentamente hacia la escalinata. Y aquí lo habéis visto todos con su chapeo forrado de joyante seda en una mano, con su capita veraniega de tafetán, con su cráneo fino y medio acalvado, con sus ojos sutiles que, desde lejos, no quitan ni un punto la mirada del señor D. Felipe y de la señora doña Mariana. Y ¿quién es este D. José? ¿Qué hace? ¿Dónde vive? Acaso D. José ha estado en Flandes ó en Italia; allí habrá hecho algunas cosas enormes, terribles; después, un poco cansado, se habrá vuelto á Madrid, parándose en las posadas, caminando en un enorme coche; en Madrid D. José tendrá un grande y pétreo caserón; un extenso huerto se espaciará detrás de él; en los mirros del huerto habrá una puertecilla á través de la cual una sombra sigilosa se deslizará por las noches. Tal vez en un viejo estante déla casa reposará un volumen con los SonHos de Petrarca, ó un ejemülar- -esto es seguro- -d é l a Consolaciónfilosóficade Boecio. D José, quizás, tiene un carácter rreniendo, irascible; todos los día, s al volver á su casa armará nn escándalo formidable porque el lacayo ha tardado un segundo en abrirle la puerta, ó porque una dueña no se ha retirado á tiempo para que él cruzara erguido por el pasillo. üíí no lé van á la mano, ayer con cólera infjana echa por una ventana á una dueña y un enano. Es posible que D. José esté á punto de echar también todos los días por el balcón á una dueña 5- á un enano, como este personaje de La Sirena de Tanacria, d e C ó r d o b a F i g u e r o a Y como él, á pesar de todo, es bueno, es dulce, luego, pasado este arrechucho, él comprenderá que ha hecho mal, sentirá un pro fundo arrepentimiento y cogerá, para confor tarse, el libro De Consolación de Boecio, ó lo? Sonetos de Petrarca. Y después, este hombre terrible se irá, ya consolado, lentamente á Palacio, y allí se pondrá en la escalera, junto a l a cortina, para que D. Diego lo pinte y nos lo muestre como un hombre muy plácido, muy sosegado, muy suave, que no es capaz de tirar por una ventana, ardiendo en cólera, á una dueña y á un enano. AZORIN FRAGMENTO DKL CtTADKO tr, AS MBUmAS BF VlíT, A! trF, Z