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r e m p l a s t o s de manteca lavada se le quitaban aquellas cosas; pero entonces no sucedió así v fué á peor y a peor, y cuando llego el médico nos dijo que se moriría aquella noche sofa co n pldre! hermanos andaban con las bestias, yo me quedé Me parece verle, siguióDamiaua, reposando las manos sobre el encaje y encarándose con el horizor, te agrisado por el anochecer. Estaba tendido en la cama sin mover brazo ni pTerna La cabeza la ten a t T b f e ñ t crbalef -d e d a l g o p o r q u l s elfol 7 Tn: X ¡ISil P -P- TM a tropezó con Aquello fue un aviso del cielo. Tropezar yo y decirme dentro de mí: Ahí tienes la lana tonta fué todo uno, Sm decir palabra me senté junto á los pies de la cama, saqué las tijeras que ¿mpre ievo encima, y descosiendo el colchón por un pico tiré de la primera Vedija. Poco á poco á puñaditos fui echando la lana en e delantal, y viéndole lleno me fui de puntillas á mi cuarto g u l r d é ios veUone ¿en el arca, la tranque y volví con padre. Todavía estaba vivo y con los ojos abtertos De prisa po? m i e d o d e que entraran mis hermanos, saqué más lana, fui vaciando el colchón begun salían los vellones, tenía que meter el brazo más adentro, por debajo del cuerpo de padre. m por donde la tana estaba caliente y sudaba, líl vicio V no decía palabra, i ño ron caba un ixxjuito; pero de ijronto, se coiioco I r que un tirón ni. ás fuerte le espalvi ó; me dijo echando chispas por los ojos: ¡Coutra, ño 5 saques más lana! Cuando esté tieso, llévate el colchón, si quieres, pero ahora déjame morir tranquilo Pero yo, que no soy tonta, le dije: Mire usted, padre, tenga paciencia, porque cuando usted esté muerto, mis hermanos no me darán ni la tela, Y tuve razón, porque á la madrugada, cuando se murió mi paare, que en gloria esté, mis nermanos me quisieron robar mílana, y gracias á las gracias y á Agapo que vino con su garrota, no se quedaron con ella, Y lo que es la tela no hubo quien se la quitase, Pero nosotros compramos una nueva y con la lana aquélla nos hicimos un gran colchón. Después nos casamos y, mire usted, doña María, aún se ríe Agapo cuando yo le cuento aquel lance y le explico cómo sacaba la lana del colchón: así, así y las manos de Damiana, abandonando el encaje, se movieron sobre el triste crepúsculo ganchudas y rapaces, como garras de u n ave que recoge inconsciente materiales para su nido. MAURICIO LÓPEZ ROBEE. TS i- HBir- ios nE E Ez RRINGA