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V fihb 1- i i iW. -1 w- S i i í í 7 HJ- -i 1 -v. -TM i- ...T i, s 1.1, 1 LAS ARMAS U Í L A K U A Í N Ü E L M; E fDO desde el alto Empíreo cómo la f iniquidad crecía sobre la tierra, el arcángel San. Miguel se quemaba, literalmente, de indignación: su cuerpo era una brasa su cabellera rubia un sol irritado. -Señor- -suplicó, -permíteme combatir la iniquidad. Entre nubes de ópalo apareció la amorosa faz de Cristo, y su sonrisa irradió como cifra de la bondad suprema. -Ve- responí ió- -sin armas. ¿Desarmado? El batallador no comprendía. Eas armas eran su orgullo, su pasión Y siguió su camino, sin añadir otra palabra esuífíí ILg Sdl SSS cS sedas joyantes de su l túnica s, los brocadolde su n autos fas ü o í a n t l f armadura hacen juego la ¿de sus cimeras, los broches áureos de sus botines ifeTmír it garzotas y rizados plumajes mendado sayo ceniciento, vestidura de s L r v o v d f i t f Y- P Francisco, el del repaladín de l i Ardiente espada, u é a n t u r a s p i d r a o n S e r Arcángel, el caballeresco Y el Arcángel volvió aiíte el Í -ono y i t S t o a -b o y un combatiente. Señor... Sin armas no sé pelear -H á g a s e como deseas- consintió el Hiio de! Hombre Ea gola no oculta el cuello t o i L a d o el pe? ó y eCa? dfr n H P í bl? cue; po. yelmodeja desbordarse la fluida cabeüera, y el b L o u e f S e n T V i f s como tales; el Eo único terrible es la espada, de puño de i- SbíeÍ Tofa T l t t, í ¿f: L gra? Sl a