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soasaban envueltas en gasas y tules, eiñendo los hombres su breve cintura; aual cielos pequeños, los ojos azules el aire impregnaban de luz suave y pura; y los ojos negros eran tempestades desencadenadas en las claridades de rostros alegres de niveo azahar... Jfo al amor pedía dulces soledades. 2 fo nunoa he valsado; yo no sé valsar. Jlablaba con ella, junto á ella sentado. iJío di aquel instante jamás al oluidol Sus risas alegres habían cesado; mis súplicas eran canción al oído. Susca a yo notas que hallar no lograba, y el mismo lenguaje tal vez me estorbaba de mis sentimientos para la expresión. Mi voz poao á poco se debilitaba; calló al fin la boca y habló el corazón. Sajó ella los ojos, bajé yo los míos. Miraba ella al suelo, miraba yo á ella. Jfuestros pensamientos, nuestros desvarios eran rayos múltiples de una misma estrella. Solos nos dejaron sin que lo advirtiéramos, y al mirar en torno, como á nadie viéramos de nosotros cerca, la saqué a bailar. ¿Sallar? Sra inútil que lo pretendiéramos ¿lo nunca he valsado; yo no sé valsar. Sn torno á nosotros parejas radiantes unidas pasaban en rítmico lazo, lí andando seguíamos los tristes amantes, su brazo sintiendo temblar en mi brazo. os múltiples giros del vals voluptuoso tal vez nuestras almas con vuelo armonioso trazaban ligadas en íntima unión. eí en su mirada reproche afectuoso y yo eon la mía pedíle perdón. Después, apagaba sus voces la orquesta; oyóse el murmullo de risas y amores; dejóla en su sillo, y allí en plena fiesta maldije las luces, maldije las flores. 3) e nuevo la orquesta lanzó su sonido, y en medio del baile y en medio del ruido pasó en otros brazos la hermosa mujer... Se aquella alegría, salí dolorido. Jío he vuelto ¿otro baile, ni la he vuelto áver. RICARDO J. C A T A R I N E U D I B U J O DE E V Á R E L A