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Y ella salía con su estribillo: ¡Deja que licencien la quinta del 71! Esta mujerona me decía para su traducción y amplificación literarias, cosas inquietantes, superiores á mis medios de expresión. Era desigual, honda, un tanto reflexiva. Y en mis atascos epistolares, ella me dictaba el pasaje con cierto ímpetu de mando. -Dile que al tío Frasco se le murió la cochina de un reventón de habas. Por ver el Rosario salieron todos á la puerta; no echaron la tranca en el corral; salió el animalitó, rompió una jorda, y se puso hasta el gollete, mientras los clérigos turureaban: ¡No moriréis vosotros así, pobrecitos míos! Esto se lo pones tal como lo digo. Otro día, durante la pintoresca redacción, me dictó este párrafo: He llevado una alcuza de aceite. para que alumbren á la Virgen de Guía; ¿sabes por qué? Porque como está tan alta, pienso que tú también verás la luz alguna noche. La Virgen de Guia está en una torre, la torre sobre un cerro. Por encima de todo eso, creo ciu. e estaba el espíritu de la- viuda. Li S correspondencia fué poco á poco lan. guideciendo; mi clientela aminorando. Uno cayó prisionero, otro fué al hospital, esotro desertó; fusilaron en Olot á dos de mis corresponsales; se fué con Cucala otro; mataron en Elorrio al cjuinto más nuevo; mataron unas calenturas al veterano, que no pasó de asistente; se ahogó en una noria del Maestrazgo el prometido de mi lavandera... Tantas bajas redundaban en mi pro, quiero decir en mi descanso. Y el de la i ¡nuia, terne, ileso, inviolable. ¡Deja que licencien la quinta del 71! Y vayan cartas y vengan cartas; las unas redactadas por el cabo García ó el cabo Rodríguez; las otras por un servidor de ustedes; traductores, comentaristas y medianero; de esa noble pasión etewia y universal que llena los nidos, que hermosea los campos, que caliéntalos hogares, que mantiene viva y eterna la relación entre el elemento civil y el ejército de mar y tierra. Un día llegó á casa no sé qué periódico: noticias de la guerra, partes, comentarios, proyectos, listas... En éstas venía un nombre: el de la vhida. Muerto en Estella, en S a n Pedro Abanto... ahora no recuerdo el sitio. Muerto el segundo día de ataque delante de las trincheras carlistas... Al pronto no lloró; dijo que la tenía tragada y que esas eran cosas de una guerra tan bruta -tan contra Dios. Comparó la guerra con la tragedia de casa de su tío Frasco, dondo una eochina de cría había reventado, llevándose el vivir de todo el invierno. Y sobre si tú tienes la culpa ó la tienes tú, padres, hijos, hermanos, nietos, sobrinos, se habían apaleado bárbaramente. Nos admiró su entereza. Al cabo de unos días, vino la muchacha- se había quitado deservir- -vestida de negro, con su manto de luto, que no encubríala punta de cabello en la frente. Floraba ha pobre; lloraba sin consuelo. No pudo, hablarme; me dio unos papeles que sacó del seno... Eran cartas, un escapulario, una fotografía de la Virgen del ¡Mayor Dolor, un tosco di- bujo de la Virgen de Guía, alumbrada por una alcuza radiante... Una de las cartas tenía un agujero; la mancha de sangre borraba lo escrito; ¿qué decía lo más legible del párrafo rojo? Esto está escrito con sangrede viis venas. Y cra v e r d a d También se veía un corazón con su flecha, y una paloma que llevaba en el pico el nombre de un soldado muerto aquí ó allá por si tú tienes la culpa ó la tienes tú Sabéis que la Tíuda se casó? Pues buscó Esposo. No os diré en qué convento está ni cómo se llama en su nuevo estado; yo la he visto alguna vez, y nos hemos saludado, nos hemos sonreído... JOSÉ NOGALES D I B U J O S DE M É N D E Z DRINGA