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A í. n RlNCipió la guerra civil cuando yo era un meciano penaolista Y mr- rced a e. sa ía menud cíonal tuve que hacer continuos primores calicrráficos. Que así influyen eu tlesafr? nnii cosas de la vida ordinaria las páginas históricas de mayor tamaño nitnuud. Las criadas y vecinas no me dejaban parar. Fiaban su pasión á mis pocos años, á mi clara letra v a mi florida imaginación que sacaba a porrillo raros ejemplares de una fauna v una flora enteramente, fantásticas, que eran a la hteratura epistolar de expresivo estilo amatorio io que la miel á Us í Z e W Con jugos vegetales componía mis tmtas, y así el verbo del amor pasaba por un hermoso a? co in en que entraban, desde el amarillo intenso del azafrán y el verde claro de las espinacas a T r o s a n- u neo de las moras. Estos párrafos morunos acababan siempre con la indispensable coTet Ha d i esto v a w l n T e i t X l f b e r a L Perchería que ellas y y o z g á b a m o s qu c a e r í f milv La ornainentación, como digo, era libre, y según el pulso, el humor ó la prisa: pero nunca faltaba el golpe final del coraron con la flecha, ni la paloma mensajera que lleva en e! pico cualaTier cosasimbólica, y a falta de símbolos, el nombre del soldado. cuaiqu. cr cosaEntonces creo que comencé mi oficio de cronista, pues las cartas venían á ser crónicas locales er que se refenan, comentaban, predecían y señalaban esos vulgares sucesos que interesan á k, s defensores de la patria en clase de tropa. ic. aii jot, ae. e. n Como un oficio trae otro, yo, que escribía, tenía que ser también lector. Esas buenas criadas esns ve cmas que tienen el novio en el servicio, son u n t a n t e recelosas, un poco desconfiadas No le entíe gan a todo el mundo el plieguecillo de rayas azules metido en el sobre barato, dond campean dos cosas estupendas: el busto del monarca y unas cuantas letras marciales, rasgueadas y ¿f i c S a s oue dicen; enora dona Fulana de Tal, con calle, número, pueblo y provincia ncinescas, que La verdad histórica me obliga á consignar que aquel noble y desinteresado trabaio me proDorcionó algunoslaureles Mas de una vez tuve que ser órgano transmisor de aplausos de este orden Saoras comodice el cabo García, que escribe ésta, que cartas tan bonitas y tan apañadas como Hs n? v a a s T c r f e í i envidiosos en la compañía, a í g n o s veTeírnís Una de mis más asiduas clientes era una criada alta, morena, buena moza: tenía una nunta e- i el nacimiento del pelo, y por eso yo la decía: ¿Para qué le escribes al novio? NVi l is aue ae ser Y ella se reía, alargándome el pliego en blanco. -Escríbele con muchos colores; píntale muchas ei corazón, ¡Deja que licencien la quinta del 7 -Que quieras ó no quieras, tú no te escapas de ser viuda. La punta del pelo te lo está caí atando. Cna viudita se quiere casar; ¡pobrecito novio, que se morirá!