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L ñ- ÍÍOR DK MOMJ IR el ítíre tibio y tlidí íTin TITCSUÍI lentas unas Cíimpnuailas síiuoraíí. DtsdL- mkn c latí cain íauatlíis p r a v c s JL- la t o r r e a l t a y s c ñ a h m la llura ilt la k- sla, Sun I, -i. Irt s, KTI la vast: i pla Jt reilja el silencio. El ronco vibrar tic la c a m p a n a lia htclio í i: i; -sc cslrtiiiceiemii UÍS iJaloma- í d e lí c y q u e a l t t e a s e u mi ntn sn blancura bajo la rasa y j o y a u l e bóvLnla a a l Liria ilu tí is paliiTiias eleva su vuelo hajilala niz que reuinT- ta la lurte, u u a gallarda 3 fina CÍHA út ¿lilerru, una eTU 7. labrada y t a r a c t a d a d e rÍEÍdo y íuerte encaje, Vn íjuicru supouer que esta hora discurre la isoCTtiuía de s u s niinntns por sobre! a ¡jláoiila ctiT- ta ó sobre Toledo la Imperíal y quiero ptUbar q u e por la corriula del CJbíspo, i sourbna jila ülcLL ccrcaua, pasan ya aprcsuradauíeute IOÍ; canúnijros. 6 bieu que dest por aa calles lar as v lor lioShis sobre cuyo p a v i m e n t o d e guijarros proyecta la cruda Inv. solar las i m á g e n e s obsesiuuaiforaü y apocalípticas d t las jíár olas q u e curui- sean d e i d e la altura ¡le los tejados. La corrada del Übifipo es u n a plazoleta sttliíana. Apenas si transita iiadw por ella á otra b o r a distinta d e esta liora. Rstá eiupcdrada de cautos nidadoa, por c u t r e los que la hierba crece ¡1 su L a s o u d i r a de IE; Catedral y la del Palacio tienden sobre la- corrada- iiri nianLo protector, y liunicdad Urca de l u i días de lluvia no recibe n u n c a la más libera caricia del so! que la dl: íipe y la eva orc. Xo asi en la innravillosa Tuledn, q n c d u e r m e tendida sobre la roca ¡uj ente su snefio oeut iiario. Dentro va d e la Catedral cviando se lian dtijado a t r á s la jo vas de piedra s d e nxadcra de los clan itros, nos acoye uu auibieute helado y bñinedo uu a m b i e n t e que huele á moho, á cera y i incienso y que por n n a vieja v atávica asociación de eiisacíoues nos connineve y penetra nuestro esjniitn, l ir las bóvedas valientes j u e g a la lu ¿sns polierontias: mezclan se los ravus rujus del sol, q u e atravic- i la t ú n i c a flotante d e un patriarca, con loa o t r o s rayos q u e p e n e t r a n por l a vestidura azul d e n n a virgen o por el ciato amarillo de u n a axiveola, V van lue; io ¡í posarse sobre el pavnnent eiiibaUkfsado, ó á a r r a n c a r nuevos esplendores á las inuigenes d e bronce qne representan en el altar ludes los niomcutos perdurables d é l a l asión. Ku ía obscuridad d é l a s n a v e s se entreva eoiJeSonartos; escacha 1 se 1 rumores d e palabras entrecortadas, de rosaritkS pasad (js con niauo t unblorosa, de páginas de libros devotos rapioauieUte hi jeados, L u t j j o es el rnído seco d e puertas lejanas qne se cierran, de los -randes libros sobre los íacibloles Ji; antesct s, d e los asientos d e madera al caer sobre los soportes, el choque claro y metálico de u n a péitií; a en las losas. Diríase en este reposo solemne rfue toda ai Ucl ¡a fría y e n o n n e máquina había tomado vida: e. s como si todo c a n t a s e u n h i m n o sonoro y rvi; idor, como í i estas selvas de piedra rE; Ída ineseu a olLidnts por u n a corriente sobrenatural. La VOÁ del drpano ha hecho vibrar el templo eu un poderoso tenxblor: como si lus raudales de música lanzados por la; í troinpeteiíasse concreta! en. como si el alma de la piedra labrada t u n e r v n r a s y columnas s t revelase por el torrente de snvoz. Luc o son los cuuti S de los canóni íos, los re os litúrgicos que rcmemorim la fíj ura atormentada de DnrtaL Y, á veces, sobre este canto apagado y monótono ídzasc otro cauto cristalino, cántico que asciende m u d o tecto, y que hiende el silencio como h i c a d e e l aire claro y dorado de la aurora el vuelo lie u n a alondra mañanera, l ¡i: u AiiLio G. DK CAN DAMO m U C J O HE U ATTIAVAHIA