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como busca mi pciiuiora la caricia placci tura del rojo sol del desierto. Mas ¡ay! que nunca calmar logro mi rudo sufrir. Por contraste singular, ella me mira bajat 1 yo la miro subir En sus ramas hacen nido dulces pájaros cajilorcs. De mi pecho entristecido temblorosos han huido los halagos seductores. rguida, dulce palmera qu te alzas con arrogancia, sigue subiendo ligera, fiel y grata compañera de loa años de mi infancia. iQnicn sabe dónde el azar podrá empujarme inciemcnlo cuando te llegue á dejar. ¡Sube! ¡Sube sin cesar en busca del sol ardiente! Y si á mi tenaz porf: a no están los goces rch: cios y halla paz el alma mía... ¡te contaré mi alegría á través de los espacios! PEPITA VIDAL D I B U J O DE M E D I N VEUA i. t- y. ií MI PALMERA una gallarda palmera se enseñorea en mi huerto. Busca, al erguirse altanera, la caricia placentera del ro, o sol del desierto. Desde mi infancia la vi y con ella me crié. Í 5 ajo SQ sombra tejí ensueños en que ereí ilusiones que forjé. En la cumbre del Parnaso me vi ensalzada con gloria, y altiva pensé que acaso pudiera hollar á mi paso el laurel de la victoria. ¡Cuánto ensueño de ambiciór. á su sombra siempre ai- nacla forjóse mi coiazónl iCuáiíta y cuánta seducción perseguida y no lograda! Yo bufqué con fe sincera de la dicha el rumbo cierto, -í Jf