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treinta y seis años gozaba de un nombre esclarecido, y que prometía prodvtcir nuevas obras q u e fueran otros tantos timbres de gloria para su patria. Siempre es doloroso ver morir á un hombre de grande y positivo mérito: pero es mayor la pena si este hombre muere, como nuestro fraternal amigo, en plena juventud y cuando empezaba á disfrutar de una posición brillante, ganada por su propio y personal esfuerzo. Porque Navarro y Ledesma, digno de admiración por tantas cosas, lo era también como ejemplo de una virtud más estimable cuanto más escasa: la del trabajo. Desde los albores de su mocedad ha, sta casi el momento mismo en que se apagó su vida, su clara y poderosa inteligencia no cesó en el laborar continuo; y la pluma que produjo tantas páginas imperecederas, sólo cayó de sus manos días antes de que la muerte las crispara. Hace mu 3 pocos que emprendía un viaje por la vieja Ca, stilla, que hubiera sido fecundo en impresiones y recuerdos; y al marchar, nos dejaba terminado el texto de los Retratos famosos que vienen apareciendo en este fíitio... Cónio sospechar que se interrumpiría la serie para colocar el SUJÍ- O! Cuantos conozcan lo duro de la conquista déla vida para los que se alistan en las profesiones liberales, comprenderán la tremenda lucha, el incesante esfuerzo de Navarro y I edesma hasta llegar á la posesión de un puesto honroso y de un nombre respetable, con las únicas armas del talento y de la voluntad. Pero luchó con entusiasmo y con fe no menores que el temple de sus armas, y sin perder esa santa alegría que ha conservado siempre, como hombre al fin que honradamente ganaba el pan del cuerpo y el del espíritu, y que podía decir con legítimo orgullo: A nadie debo lo que soy y lo que tengo, sino á mí mismo Mas antes de alcanzar el laurel noblemente perseguido, ¡cuántas amarguras, cuántas incertidunibres, cuántos dolores! ¡qué derroche de energía, de vigor y de actividad! Ivas noches en claro sobre los libros que encierran la verdad, que atrae y que consume como una llama; los dias preñados de proyectos necesarios y de preocupaciones que asedian y mortifican; las horas, en fin, empapadas en el estudio con. stante, cerrándolas á los goces de la vida, que seducen al corazón y le solicitan cuando se siente palpitar con el impulso de la sangre jtivenil. Así su salud se quebrantaba; surcaron sil espaciosa frente arrugas prematuras, y se tornaron blancos sus cabellos... ¡Pobre Paquito! Trabajó como un héroe. Recién salido de las aulas, dio empleo á su talento en el Archivo de Alcalá de I- Ienares y en el Museo Arqueológico de Toledo, donde su amor por los viejos maestros españoles supo encontrar satisfacción y fruto. Trasladado á Madrid, dióse pronto á conocer en El Globo con una sección de efemérides (En tal día como hoy... I que le reveló como crítico, historiador y poeta. Extendió su firma en la Prensa, y fundó con otros amigos el populaiúsimo Gedeón, cuyas hojas están llenas de su ingenio agudo, de su inagotable humorismo, de su gracejo culto y ocurrente. Poco después ganaba la cátedra de I iteratura Preceptiva en el In. stituto de San Isidro, encantando al tribunal y á sus propios compañeros con u n a erudición copiosa, un gusto depurado, una certera visión y un juicio penetrante impropios de su edad, y por lo mismo más asonibi- osos. Vm esa cátedra ha demostrado ser un pedagogo á la moderna, no sólo por su sistema de enseñanza, sino además con sus libros de texto, que por lo claros, precisos y abundantes de doctrina fueron adoptados por otros muchos profesores. Y aún está reciente el víltimo de sus trabajos de empeño, qvie será el m á s firme p e d e s t a l d e s u fama: ese a d m i r a b l e Mhro El Ingenioso Hidalgo Don Mignol de Cervantes Saavedra, donde el investigador, el crítico y el poeta se confunden en un solo espíritu que evoca y hace vivir de nuevo aquella figura y aquellos tiempos colosales... Otras obras, esperadas con ansia, bullían en su cerebro, cercanas ya del luminoso Jiat. Phi las carpetas de su despacho hay, de seguro, algo también que sólo aguarda una mano piadosa que lo lance á vivir su propia vida. ¡Pobre, malogrado compañero! De todo hablaba, porque de todo sabía. Pm su alma de artista encontraban amor y albergue viejos y nuevos, cuantos han ensanchado el horizonte de la inteligencia humana. Y su inmensa cultura, afinándole la percepción y el gusto, dióle esa ponderación difícil que poseía, prenda precisa para ser, como era, el hombre necesario á nuestra juventud literaria, que le honraba justamente con el título de maestro. Y como sabía de todo, de todo escribía sin vacilar y con fortuna, á la manera de aquellos polígrafos de otros tiempos, ágiles, incansables, vigorosos. Nosotros podemos atestiguarlo como nadie, pues aquí en esta obra donde tanto puso, víniosle cultivar todas las flores: la poesía, el cuento, la crónica, el hecho histórico y el suceso del día, la crítica del libro y la del cuadro ó de la estatua, lo viejo y lo nuevo: cuanto forma, en fin, el cuerpo y el alma de nn periódico donde todo se registra, se comenta, se estudia, se analiza y se expone con la rapidez que pide la vida moderna. Desde el de más empeño hasta el más humilde, jamás desdeñó ningún trabajo, avalorándolos todos con fecundas iniciativas, con ideas nuevas y con acertados consejos. lira además, y sobre todo, Francisco Navarro y Ledesnia un hombre de extremada bondad. Compañero leal y amigo cariñoso, nunca empañó su alma una mala pasión, ni tuvo para nadie sino efusivo cariño, trato sincero, genei oso, franco. ¿Cómo no recordarle siempre? No podemos acostumbrarnos á la idea de que no vuelva á sentarse á nuestro lado, á reír con nosotros, á animarnos con su palabra y con su ejemplo. Cuando llegó la noticia de su muerte, una angustia infinita descendió sobre esta casa, perturbando el trabajo de todos, que continuó en silencio, y que en silencio seguirá por mucho tiempo. Y aún nos parche que volverá á entrar por estas puertas, contento como siempre, dispuesto á seguir el afán de todos los días, de todas las horas... Mas no; no volverá. Sólo nos queda su recuerdo, c ue conservaremos con religioso amor, porque le hemos querido mucho, porque nos ha querido mucho también, porque era un sabio y era un ju, sto... LA REDACCIÓN rOTOGBAFÍ. S FIUNZEN