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CASTILLO I D Í IvTOErXK; H- E. E; ¿L. I- No lejos de la embocadura de la pintoresca ría de Arosa álzase el soberbio castillo de Monterreal, fortaleza inexpugnable en otro tiempo, convertida actualmente en deliciosa quinta de recreo. Pocos datos arrojan los documentos históricos acerca de la fundación del gallardo castillo cuya vista encabeza estas lineas. Sábese que los portugueses, defensores de los derechos de Doña Juana la Beltraneja, invadieron el territorio gallego en el siglo XV, apoderándose de varias villas y paralizando la vida mercantil é industrial en aquella laboriosa comarca. Tuy, Bayona, Vigo y otros pueblos fueron víctimas d é l a rapacidad de- Ios invasores, que auxiliados por el famoso Pero Alvarez, intentaron apoderarse de buena parte de las tierras sometidas á la jurisdicción del arzobispo de Santiago. Entonces fué cuando los Reyes Católicos, celosos de la prosperidad de sus vasallos, expidieron en Burgos una Real Cédula, fechada el 15 de Enero de 1497, disponiendo que la población de Bayona de Miño se pasase é mudase á Monte de Boy, lugar que desde entonces se conoce con el nombre de Monterreal. Los vecinos del nuevo pueblo fortificaron el castillo, que en tiempos antiguos había sido edificado en la costa para hacer frente á los desmanes de los piratas que infestaban las aguas del Atlántico. Las obras debieron terminarse al advenimiento de la Casa de Austria al Trono español, pero pacificado el país gallego, los vecinos de Monterreal regresaron á sus antiguos hogares, y el castillo fué abandonado por sus defensores, que arrojaron de sí las armas para dedicarse á las artes de la paz. Aquella robusta fortaleza estaría reducida á escombros actualmente si el marqués del Pazo de la Merced no hubiera adquirido el castillo para convertirlo en deliciosa residencia de verano, que fué visitada por el Rey Alfonso XII el 22 de Agosto de 1881. Según la tradición, un príncipe de la Casa de Austria fué encerrado en la torre del reloj, y en ella vivió en absoluta incomunicación. Ni el nombre del preso, ni la causa de su castigo, recuerda la historia; pero el pueblo gallego ha prohijado la tradición bautizando con el nombre de Torre del Príncipe la que se des- taca á la derecha de la puerta principal del castillo J. BALMES