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Revistó iíusímto ANO XV MADRID 23 SEPTBRE D E 1905 N U M 75. ETRATOS FAMOSOS. si eres, como de gustos delicaRser vieio, converdadmujer MADAMA LEBRUN. Lector, joven además, creo, hombretienes la desgracia dos, ¿no es que muchas veces sueñas, si eres ó soñaste, si de una como Madama I ebrun? 4. Ni aun recordando la colección casi innumerable de los retratos de mujeres enigmáticas y perturbadoras aue Gova pintó, ni travendo á la imaginación las bellas imágenes de las grandes damas retiaiacla- í) or Van Dvck, podrás ueusar en una iií- ura donde lo etciuaniente femenino se resuma y -j compendie mejor que en este prodigioso cuadro en que María Ana Isabel V i g i é de Lebrun se retrató á sí misma en su ocupación favorita, con los pinceles en l a mano. Algunas mujeres de Goya (la condesaduquesa de Benavente, la duquesa de Alba, a marquesa de Santa Cruz) t e clavarán sus ojos de un modo más inquietante; ninguna dcí ellaste parecerá t a n codiciable, tan amable, tan suave, tan linda, con t a n dulce melancolía en el sonreír como esta maravillosa y frágil madamita que viV i ó más de o c h e n t a años c o n s a g r a d a al arte divino y más de cuarenta c i r c u n d a d a de a m o r y, s i n embargo, q u i zás no fué dichosa u n a s e mana. Tan larga, nob l e y fecunda vida como la suya, pocas mujeres han alcanzado; tampoco han sido muchas las que han poseído naturaleza más rica y espléndida bajo un e íterioi, al parecer, tan queoradizo y sutil. Su rostro de finísimo dibujo recuerda vagamente el de Ninon de Leudos; pero Ninon era perfecta como Venus y Madama Lebrun era sabia como Palas Atenea. Esta mujer prodigiosa conoció la corte de Luis xvi; vio desde lejos caer segadas por la guillotina las cabezas que con tanto amor pintara; sufrió l a invasión napoleónica y participó, con Madama deStael, del odio del tirano; volvió á la patria y vio hundirse y sucederse dinastías. Quizás guardó siempre la sonrisa con que la admiramos en su retrato. ¡Admirable sonrisa! Sólo pudo pintarla quien supo adornar con ella sus propios labios.