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1 1 J É 1 0 3 p, a Biv JLL. P ir K R tv í? ptuANDO su llovióse marclió á la guerra, Blan ca le regaló un alfiler, que él juró conservar como u n don precioso. -Sin duda me le das- -dijo Pedro- -para que piense en ti. -No- -dijo ella, -porque bien s i que no me olvidarás nunca. -Entonces, ¿me le das para que me sirva de amuleto? -No; no soy supersticiosa. -Bien; n o me meto en más averiguaciones- -contestó Pedro; -basta con que sea tuyo y con que me quieras. -Yo te amo- -dijo Blanca; -pero mi alfiler te servirá algún día. Y sucedió que en el combate Pedro recibió una bala en el brazo izquierdo y fué necesario cortársele. -Conozco bien á Blanca- -pensó él, -y sé que por delicadeza apresurará nuestra boda. Volvió, pues, y su primera visita fué para ella. Según venía por el camino, orgulloso de liaber nacido, con presto paso, se fijó en la manga izquierda, que vacía llevaba y que pendía inerte, aplastada, ó se balanceaba de derecha á izquierda, sin medida, ó saltaba como la cola de un animalejo. -Con esta descuidada! facha- -meditó Pedro- -e. stoj; u n poco ridículo. Y con la mano que le quedaba se remangó, dobló la inútil manga en dos y la sujetó elegantemente al hombro con el alfiler de Blanca. J U L I O RENARD Dii- LMO n: iiunmws