Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ingún riii 5o se escuchak, salvo d roce k los folios k vifela so los Seí) o Sel ocíop Ruylten, quien no aparfak los ojos k su Biblia, ornaí a k góticas miniafuras, sino para admirar el oro y la púrpura k Oos peces cautivos en las húmedas caberas k una re 5o nia. Las hojas k la puerta se entreabrieron. Cra un ven 5 eí or k flores que, con los brazos cargaí) o k macetas k tulipanes, pe 5 ía perdón al interrumpir las lecturas íie tan eruMIo personaje. -íDaesíro- -k dijo, -veS aquí el tesoro k los tesoros, la maravilla k las maravillas: cebolla como e sía no florece jamás sino una vez ca 6 a siglo en el serrallo k emperador k Constantinopla. ¡On tulipán! -gritó el viejo enojado; ¡un tulipán! ¡ese símbolo del orgullo y de la lujuria que engendraron en la desventurada ciudad deiüitemberga la detestable herejía de Cutero y de ÍDelanchton! y íDaese Ruylfen abrochó la manecilla de su Biblia, coloco las antiparras en la caja y descorrió la cortina de ia ventana, que dejó ver al sol una pasionaria con su corona de espinas, su esponja, sa azote, sus clavos y las cinco llagas de Ouesíro eñor. Cl vendedor de tulipanes agachó respetuosamente la cabeza en silencio, desconcertado por una mirada inquisitorial del duque de Slba, cuyo retraío, obra maestra de Rolbein, estaba colgado en la pared Luis M mm