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BíancoyNe ro Revista iíustmto ANO XV MADRID iDESEPTBRE. DE 1905 N Ú M 748 D E T R A T O S F A M O S O S ¿D O M I N I C O T H E O T O C Ó P U L O S? H a y que escribirlo así, con interrogante, porque aun cuando muy respetables autores han afirmado que el cuadro ese, perteneciente ayer á la Galería del Palacio de San Telmo y lioy al Museo provincial de Sevilla, es un autoretrato del Greco, el hecho no está suficientemente probado. Un crítico y artista de tan grande y reconocida autoridad como el Sr. D. Aureliano de Beruete asegura que esa efigie no puede ser la de Dominico Theotocópulos. Sin embargo, el mismo Sr. Beruete posee en su galería particu. lar otro admirable retrato, que él tiene por imagen del Greco, en edad ya bastante madura. Las diferencias entre el retrato de Sevilla y el perteneciente a l Sr. Beruete n o son tan grandes que l o s dos no puedan, con toda probabilidad, representar al m i s m o personaje en la juventud y en la edad de cincuenta á sesenta años. Algunos críticos se han fijado en la paleta que ostenta el retrato de Sevilla, la cual, por cierto, es pequeñísima, y del estudio de los colores en ella extendidos deducen ciue el pintor retratado no puede ser otro que el inmortal Griego. Esta no es, sin embargo, una razón totalmente p e r s u a s i v a pues oíros pintores de la misma época pudieron usar y usaron preferentemente los mismos colores. E n cuanto a l a parte psicológica, del retrato, única que nosotros podemos arrogarnos el derecho de juzgar, si este ciiadrü de Sevilla nos hace imaginar un sujeto de finísima contextura moral, de inquieta y nerviosa mano, de ojos escruladores y hondos, de aristocrático enipaque, y el retrato propio del Sr. Beruete nos da á conocer un hombre de expresión triste, de ojos fijos y un poco extraviados, y de amargo gesto, ¿no podrá ser el mismo individuo, pues sabemos lo que Theotocópulos luchó y peleó consigo mismo y con los demás para encontrar una fórniula estética satisfactoria, y nos consta que él fué el primer descontento de sí mi, smo, como lo es, sin duda, todo artista de conciencia que quiera cumplir su misión sincera y honradamente y dejar un nombre inmaculado á la posteridad? Sea como quiera, y sin que nosotros podamos decidir tan araua cuestión, ese retrato es una obra maestra de las mejores que pintó el Griego.