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tr ¿íC dife -h. J t ijjWy Stf ÍBe 4 Éiá i iJi. ir JS EN LA PLAYA AY como un ancho tapiz de arenas finas, bordado con montones de algas obscuras que se p u fA dren al sol. H a y á lo lejos peñascos que retiemblan al choque del agua que vuela hecha pol vo. Hay siempre una ola grande, de verdes senos cóncavos, de blanquísima cresta, quellega. rodando en rizo estruendoso, hasta que estalla y gime y se deshace en blanda expansión en la llanura arenosa. Hay también ligera bruma en el aire, pájaros marinos en la bruma, pinos lejanos que ondean sus copas rumorosas y lloran sus lágrimas de ámbar sobre el mar... Un sano aroma de cesas grandes y bravias lo llena todo: aroma tibio de olas trabajadas, de peñascos húmedos, de algas en fermentación, de mariscos vivos, de lamas blancuzcas cubiertas de sal. Es la playa un lugar fortaleciente. Los cansados ojos reviven asombrados profundizando en la extensión: el pecho se dilata, la piel se colorea y un prurito gozoso nos empuja á entrar en las aguasrítmicas, á servir de rompiente á la ola grande de tonos verdes y blanquísima cresta, que azota y acaricia al par. El sol de la tarde pone áureos matices en las velas latinas, enhiestas como aletas de amables monstruos que van resbalando. Vienen de allá lejos, de aquellas planicies azuleantes y movedizas, en queestán la vida y la muerte... Surgen del horizonte claro una tras otra, cómo en bandada gozosa que vuelve á su rincón amado, L su lecho de arena blanda y bien oliente. Y debajo de estas velas que hincha la brisa y dora el sol, salta como plata viva, esmaltada de todoslos colores, el montón de pesca recién sacado de los senos fecundos y providentes. Ea playa es el rincón deseado, el jardín apetecido, el lugar fortaleciente. De noche ya, se oye él h e r videro de una gran vida invisible que se rebulle en el barro, en las rocas, en las algas, en la arena lim pia... Brillan los luceros en las charcas roqueras, en las olas fosforescentes; la bruma se levanta como un hálito del gigante; los lejanos pinos mueven la fronda negra con sordo gemir, y el viento, dando en las aristas de cualquier peñasco, hace el son de aquellas flautas jónicas que apaciguaban los raros fuapaci rores del agua y atraían, encantados, á los delfinesJQSÉ K 0 6 A E E S DIBUJO DE REGIDOfi.