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I- I- Bían rte ro Revistó iíustmSa AÑO XV MADRID 26 D E AGOSTO D E 1905 N Ú M 747 D E T R A T O S F A M O S O S CARLOS 1 DE INGLATERRA Y SU MUJER ENRIQUETA DE FRANCIA, POR VAN DYCK. Ahora que tanto se habla de la cordialidad j hasta de posibles alianzas entre franceses é ingleses, no es del todo inoportuno presentar estas dos cabezas que pintó Van Dyck con los pinceles de Velázquez. Estos dos retratos juntos se hallan en Florencia, en el Palacio Pitti. El gran pintor tuvo la precaución de separarlos y colocar frente á frente ambas cabezas. La unión intentada por Jacobo I, padre de Carlos, y por Enrique IV el Bearnés, padre de Enriqueta, no fué bendecida por Dios. Sospechábalo quizás el papa Urbano VIII al resistirse á conceder la dispensa, por ser Carlos protestante y Enriqueta católica. Debía suponerlo el gran artista psicólogo, que tantas veces retrató la elegantísima, pero trivial y despectiva estampa de Carlos I, y la bellísima, pero prontamente marchita y ajada figura de la Reina. Examinad con atención esa cara fina, huesuda, larga; ese descaecido belfo, esos cuidados bigote, esos inexpresivos ojos, y comprenderéis cómo en tan estrecho cráneo no cabían sino las ficciones del derecho tradicional y del absolutismo, que cuando arraigan y penetran bien hondas en una cabeza, la conducen al cadalso. Carlos I, cuyo rostro sólo acusa un alma despreciativa y voluble, tenía que morir bajo el hacha del antipático Oliverio Cromwell. Mirad luego la delicada, la frágil belleza de su mujer, que desde los veinticinco años, según testimonios fidedignos, comenzó á marchitarse, y os explicaréis cómo esa Reina sin. ventura fué la eterna desterrada; desterrada de su país y de su religión para ser reina de Inglaterra; desterrada de Inglaterra después para salvar la vida, y siempre melancólica y triste, pero con una melancolía superficial, con la sonrisa de las princesas destronadas, que es cuanto más exquisito y aristocrático puede disfrutar y reproducir un artista decadente. ¡Bien hayan estos perfumados retratos de Van Dyck, que tan suares sensaciones nos procuran! N.