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E L V E R A N E O A VISTA DE PAJARO CUADRO SEXTO. BALNEARIOS iBOR QUÉ no hemos de i r á tomar aguas bicarbonatadas ó sulfarosas ó sralfhídrícas, variedad lití nica, etc. etc. ¿Que no nos hacen falta? Pero ¿les harán falta á los diferentes señores, señoras, señoritas 3 niños que van á tomarlas con la mejor buena fe del mundo? La experiencia, madre de la ciencia y á veces madrastra, porque la lleva la contraria en todo cuantopuede, acredita que á la mayor parte de los balnearios se va á comer bien ó regular, á satisfacer el deseo que, de cuando en vez, experimentamos todos de hacer vida comunal, conventual ó falanstérica, á darse un pisto terrible y á entablar diferentes reclamaciones, por lo general infundadas y absurdas. Aun cuando nuestro querido compañero Azorín, con su perspicaz espíritu observador, intente convencernos de que existen diferentes balnearios, no le crean ustedes. No hay más que uno en toda España: ó por mejor decir, todos son lo mismoi. Y en todos pasan las mismas cosas. Los concurrentes, convencidos ó no de la eficacia de las aguas, se levantan tempranito, saborean la cantidad de vasos prescrita por el médico y aún alguno más de propina, pasean el agua, murmuran suavemente unos de otros, organizan excursiones, veladas musicales, funciones de teatro, rifas benéficas... y á los ocho ó diez ó quince días, según sea la fonda, adquieren indefectiblemente un cólico, que suele propagarse á todos los bañistas. Al punto, una temible confIagració. n estalla. Alguien (quizás un amigo del balneario de enfrente) insinúa con timidez y después propala con resolución que ha gatuperio en las aguas. Se nombra á veces una comisión investigadora de los manantiales, y una vez; reunida, los miembros de ella se marchan cada uno por su lado... y hasta otra. A esto suele reducirse la vida en la maj- oría de los balnearios españoles- X. Y. Z.