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ANO XV MADRID 19 DE AGOSTO D E 1905 N Ú M 746 D E T R A T O S F A M O S O S UNA DAMA DE LA CORTE DE FELIPE 11, POR SÁNCHEZ COELLO. En este retrato se refleja maravillosamente toda la finura y elegancia espiritual de la corte de Felipe I I y toda su exterior frialdad y todo su interior apasionamiento. No sabemos quién era esa dama, ni aun podemos afirmar si era española ó portuguesa, pues Alonso Sánchez Coello pintó mucho en Portugal. Lo que sí afirmamos, sin duda, es que en el rostro de la dama ha -ese algo enigmático y misterioso que inmortaliza á los grandes retratos (como el de la Gioconda, como el de la duquesa de Alba) inquieta y perturba los sueños de cien generaciones, é incluye á la dama desconocida en la casta ilustre de las m u j e r e s enamoradizas, de las m u j e r e s resueltas, de las mujeres c o m p l i c a das, de las mujeres atormentad o r a s Era, sin duda, una de aquellas señoronas que solían visitar en su estudio al pintor aristócrata, á q u i e n Felipe II quería como á un hijo, acaso m á s pues el amor paternal del monarca austríaco nunca fué cosa mayor. Para que comprendáis qué clase de pintor y de hombre era, Sánchez Coello, y cómo pudo alcanzar aquel sumo grado de elegancia a l t i v a y desdeñosa en sus obras manifiesto, bueno será copiar lo q u e Pacheco nos cuenta de su vida: Aposentóle el Rey, dice, en unas casas principales junto á Palacio, donde teniendo él sólo llave por ün t r á n s i t o secreto, con r o p a de levantar solía muchas veces entrar en su casa á deshora y asaltarlo comiendo con su famili a: y queriéndose l e v a n t a r á hacerle la debida reverencia, como á su Rey, le mandaba que se estuviese quedo, y se entraba á entretener én su obrador. Otras veces le cogía sentado pintando, y llegando por las espaldas, le ponía las manos sobre los hombros; y viéndose Alonso Sánchez tan favorecido de Su Majestad, y procurando, con justo. comedimiento ponerse en pie, le hacía sentar y proseguir su pintura... Fué su casa frecuentada de los ma yores personajes de su tiempo y de infinitos señores, títulos y embaxadores, de tal manera, que muchos días los caballos, literas, coches y sillas ocuparon dos grandes patios de su casa... W. B.