Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
n ¿i úM lc í 1 CONTEMPLAD SU arrogante cabeza granítica tocada de nieve, bañada de sol destacándose del zarco cielo castellano: ved sus hombros hercúleos contorneados de bravias roquedas; el regio manto de piños que de ellos pende, jironado por los calveros. En las praderas del valle florecen los narcisos blancos, los lirios, las margaritas; el arroyo deshace sus espumas y se aquieta y remansa bajo la umbría de los olmos. Luego la tierra ondula, se quiebra y enrisca; el sendero repta entre robledades; la canción del agua es vuestra compañera. Acaso un labriego hachea en el pinar, y se oyen á intervalos acompasados los golpes secos y el gemir del tronco centenario; una voz de zagal suena perdida en la distancia; una esquila tintinea perezosa. El último pino, señero y audaz, arraiga entre los canchos, abatido el tronco j- retorcidas las ramas al peso del nevazo; la vereda atraviesa un retamar en flor; luego ondula entre piornos y bordea las pe drizas talladas en las escarpas. Ya estáis en la cumbre. En las torrenteras se ha extinguido la canción del agua. Es el cuerpo todo un latido, y echados de bruces sobre la tierra veis que tras la vibración del aire, el paisaje tiene extraño temblor. Fronteras del picacho, aún refulgen con albura de nieve las Cabezas de Hierro, y en descenso suave, la dentellada cumbre de La Maliciosa muerde el azul del cielo, límpido, esplendoroso. Si encontráis un cabrero, quizá os cuente la historia de la laguna. Mejor será que gustéis de la frescura de sus ondas. Esta es la Peña I ara, la más alta cumbre, señora de la serranía. Desde su risco más alto se otean ambas Castillas: ella las separa. A un lado, el solar viejo, el pardo y grave terruño segoviano, con sus seculares castillos roqueros, Pedraza, Sepúlveda, Turégano; al otro, la llanura amarillenta grísea, con sus ventas fementidas y sus molinos de viento. Ea vieja Castilla, ennoblecida por los hidalgos cuerdos, y la nueva Castilla, sublimada por el hidalgo loco. El solar del Cid y la tierra de Don Quijote. E N R I Q U E DE MESA