Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
prisionero. Un Consejo de gaierra le condenó á m u e r t e La sentencia produjo gran duelo y sensación en la comarca, donde Mínguez gozaba de mucha popularidad. Sus partidarios, amigos y parientes decidieron salvarlo á todo trance, y, cuando no, vengar su muerte con sangrientas represalias. Juntáronse gentes resueltas, y á su frente se puso el mismo hijo del sentenciado, mozo de bríos, que, sobre los suyos personales, llevaba el prestigio de su nombre y de su sangre. Y una tarde, toda aquella tropa aventurera entró de golpe en el pueble donde Mínguez estaba preso. El resultado no correspondió al valor de la acometida. Antes de llegar á la cárcel, los sediciosos fueron vencidos y lanzados otra vez á la Sierra por el destacamento que guarnecía el pueblo. No desmayaron; pero cambiaron de táctica. A la embestida de frente y á la luz del día, su. stituyó la sorpresa á favor de la sombra. Y la partida, diseminada en grupos, se deslizó sigilosamente por las calles, y logró llegar á la cárcel. La vigilancia frustró la obra de la astucia y la empresa tuvo igual resultado que la anterior. Entretanto, otros amigos de Mínguez, más reflexivos y prácticos, tomaron diferente camino de salvación. Personajes influyentes de Andalucía y de Madrid, compañeros del sentenciado en la pasada con, spiración revolucionaria, y á la sazón funcionarios importantes del Gobierno, solicitaron de éste el indulto. Era duro caso de conciencia para los ministros el de fusilar álos hombres que les habían ayudado á subir por procedimientos revolucionarios. Parecía como si ellos mismos se condenaran á muerte, declarando en público que la merecían. Lajusticia m o r a l enmendó el fallo de la justicia legal, y fué concedido el indulto. Mientras esr- jr to s u c e d í a en Madrid, la sentencia, siguiendo l a tramitación militar, menos p e r e z o s a que la civil, había pasado á la aprobación superior. Ya estaba el sumario devuelto al Consejo de g uerra para la ej e c u c i ó n y 1 puesto en capilla el reo, cuando el c a p i t á n %i general del distrito recibió Éfe S un t e l e g r a m a anunciándole el i n d u l t o Apresuróse el gene ral á transmitir ¡telegráficamen te las órdenes- al comandante militar del pueblo donde Mín r guez iba á ser j %i fusilado. -Señor- -dijo media hora después al general el telegrafista, la estación de ese pueblo no contesta, á pesar de haberle pedido comunicación. ¿Habrán cerrado ya la estación? -Imposible; es hora de servicio. -Repita usted la llamada, y si no consigue respuesta, pida noticias á la estación inmediata. Así lo hizo el telegrafista y supo que el telégrafo no funcionaba tampoco entre ambas estaciones. La línea estaba, evidentemente, cortada. Entonces el general mandó al jefe militar más cercano que transmitiera la orden al lugar de la ejecución por medio de parejas de caballería, que habían de marchar al galope. Tenían que correr cuatro buenas leguas de terreno quebrado, en lo montuoso de la Sierra Morena. Y cuando los jinetes llegaron, sudorosos y jadeantes, sobre los caballos casi reventados, la Hermandad de la Paz y Caridad recogía piadosamente el cadáver del fusilado. El mismo hijo de Mínguez había cortado el telégrafo el día antes para que las autoridades no conocieran los movimientos y situación de su partida. El fué el matador de su padre, porque él y sólo él impidió la llegada oportuna del indulto. Aquellos progresistas, como también éstos de hoy, hacían la guerra al uso bárbaro, inutilizando los instrumentos de progreso. Y el progreso se venga duramente de sus enemigos. 4 I fe- 4. Í DIBU. IOS DE ME tiEZ BBING. i EuGUNio S E L L E S