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PROGRESISTAS CONTRA EL PROGRESO A revolución del año 68 y sus períodos adyacentes, fueron los riltimos momentos de la virilidad española. T i- u t- i Los que viven junto al remanso de aguas estancadas, no pueden imagmarse el alborotado estrépito de la catarata. Y los que hov viven en la mansedumbre ovejuna en que todo se sufre y a todo se calla, no pueden tener idea de aquella vida sin descanso en que los días eran para el combate y las noches para la conspiración que preparaba el combate. Lo que ahora suena á huracán deshecho, que turba esta placidez soñolienta propia de los que mueren por asfixia, era entonces céfiro imperceptible para aquella actividad de los cerebros, de los corazones v de las manos. Nada ni nadie se estaba quieto, ni había indiferentes porque no podía haberlos: a quien no movía el interés político, movía el terror de su interés amenazado, y así, unos y otros andaban metidos en el tráfago común de los sucesos. -ui La presente o- eneración, desmavada y sin fe, que se pone al servicio de las personas, seres tangibles que pueden favorecerla, y desecha los ideales, entes sin substancia nutritiva; los que promiscuando sin escrúpulo, escriben por turno pacífico, ya en un periódico liberal, ya en otro reaccionario, mesnaderos á soldada, no conciben la pureza intransigente de aquellos que sacrificaban todo, la comodidad, el bienestar el estómago y la vida, por la bandera ó por el honor de su partido. 6 6 muerto linaje de románticos inverosímiles, zaheridos y hasta ahora injuriados, pertenecía Pedro Mínguez, el incorregible agitador que en los breñales de Sierra Morena capitaneo una partida republicana. i. t i i- o Su nombre sonaba siempre donde sonaban tiros. Siendo mozo, se batió en las revueltas del ano 4 b. Fl s 6 resistió en Zara 3- oza á la contrarrevolución de O Donnell. El 56, emigró con Pnni. Y el 68, no teniendo va enemio- o contra quien alzarse, se alzó contra la misma revolución, á la que el coopero con sus ideas. -palabra v manos. Y no se alzó contra ella por arrepentimiento ó desengaño, sino porque siempre progresista y siempre adelante, le parecía poco la demociacia si se empalmaba con la tradición monárquica. c 1 I a partida de Mínguez fué durante muchos meses el terror de los pueblos de la Sierra, la esperanza de la República y la desesperación de las columnas del ejército, que la perseguían sm tregua ni golpe decisivo Maestro en la táctica guerrillera, feliz para los españoles, buriaba de continuo las previsiones y anuncios de los jefes militares, disolviéndose aquí para aparecer allá donde menos se la esperaba más activa que antes v más nutrida cuando se la daba por dispersada y muerta. Destruyendo puentes y cortando ferrocarriles, embarazaba constantemente el movimiento de las tropas del Gobierno y mantenía en revolución la comarca. Pero así como las instituciones conservadoras perecen por no andar nada, las revoluciones perecen Dor andar demasiado en poco tiempo; que los frutos de la política, como los de la Naturaleza, piden su sazón iusta y su paso medido, si no han de agriarse por tempranas o pudrirse por maduras y vicias en el árbol Aquella revolución tenía bastante con lo que daba de si y lo que había hecho, y no necesitaba por entonces avances más rápidos. La exageración no debía prosperar y no prospero. Los pueblos levantados iban rindiéndose á ia fatiga ó á las armas, y las partidas, faltas de apoyo, eran vencidas La de Míno- uez tuvo su jornada adversa. Fue encontrada y deshecha, y sujete, nerido y