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Mademoiselle Polaire. Una leyenda destruida fp i É hablado aquí de esta graciosísima musa de la inocencia picaresca ó de la ingenuidad S ¿iM maliciosa. Grato es, no obstante, volver sobre tan ligero y simpático asunto. Mademoiselle Polaire ha realizado el milagro de tener una fama casi universal como artista dramática, sin poseer las primeras y más indispensables condiciones que suelen exigirse, particularmente en Francia, para practicar tan difícil arte. Sin embargo, en esto de las condiciones, creo que se ha exagerado mucno por los distintos autores, humoristas casi todos, que ha. n hablado de Mademoiselle Polaire. Ella misma se ha complacido en coquetear con su fealdad, como otras con su üermosura. Cuantas veces se ha retratado lo ha hecho colocándose en posturas extravagantes, rasgando la boca de oreja á oreja, exagerando el tamaño de sus pies y de sus manos, para provocar la risa y la burla. En eso estaba su triunfo, en que todo el mundo dijese: ¡Qué fea esl- -é inmediata, inevitablemente reaccionara sobre este primer movimiento espontáneo y exclamase: ¡Pero qué talento tan grande tienel En esta misma página reprodujimos una de esas fotografías en que Mademoiselle Polaire aparecía vestida por sus enemigos, desgarbada, patizamba, boquiabierta, desagradable. Sin embargo, quien se fijase en aquel retrato y fuera un poco psicólogo, podría reparar lo que era de verdad en la supuesta fealdad y lo que en ello había de teatral, artificioso y preparado. Pero nosotros hemos tenido la suerte de fotografiar á Mademoiselle Polaire, sm que ella lo advir tiese, á la entrada del Bois de Poulogne, uno de los primeros días de este verano. Iba, como de costumbre, acompañada por su fiel amigo el famoso humorista y graciosísimo autor cómico y novelador Willy (Enrique Gauthier Villars) Mademoiselle Polaire monta admirablemente á caballo en un hernioso corcel de pura raza. Lleva una amazona americana, es decir, una falda partida en forma do pantalón, traje que resulta mucho más elegante y más honesto quedas amazonas antiguas. Su busto delgado, de líneas largas y un poco rígidas, campea muy bien- á caballo; bajo el sombrero de Pa. namá, los hermosos rizos de su cabellera dan sombra á unos ojos en que chispea el ingenio... Es mentira cuanto se ha dicho. Polaire tiene todas las condiciones teatrales. Claudina es hermosa. F O T M U Ñ O Z D E líAETsA D E MASEL