Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
mo, que, vuelto al pasado, tiene que evocar la memoria de los guanches, cuyas huellas no han podido extinguir ni la conquista ni el tiempo. Felices y primitivos moradores de aquellos lugares, aún los barrancos conservan el eco de sus silbos. A medida que nos internamos en la isla, la visión se hace más clara, el recuerdo más tenaz; sentimos la obsesión de algo inefable y misterioso; las sombras de Bencomo y de Tinguarp caminan á nuestro lado; la brisa, jugando en la copa de los pinos, remeda el murmullo de las voces délos aborígenes, congregados en 1 Tagoror. Avanzamos: he ahí El Roque de Garachico, clavado en medio de las aguas verdosas. Cerca, muy cerca, un convento, para demostrar que también las ideas cristalizan; y arriba y abajo, la lava, la lava que arrasó á Garachico. Fría, apagada, endurecida, ostenta sus negros picachos, reveladores de la tremenda catástrofe: un volcán que se revienta de súbito y deja en pos de sí la espantosa desolación de Pompeya y Herculano. Avancemos más, y otra vez el contraste: los montes, verdes como esmeraldas gigantescas, los valles en plena lozanía, las playas de finísimas arenas, el mar sereno, de olas azules como el cielo que promete. Iva riqueza y el bienestar brotan por doquier: son el resultado de la industria del hombre y de las fuerzas germinadoras de la naturaleza. Sobre esos campos h a descendido la bendición de Dios. Entramos en Los Silos, la patria de los Jordanes, y entramos con buen pie: es el día de la fiesta de su Patrona. El pueblo está de gala; la plaza, espaciosa y regular, como trazada á cordel; la fachada de las viviendas y la calle central, recrean la vista con sus adecuados adornos: ramas, flores y gallardetes. No es el abigarrado conjunto de banderas de distintos países que se nota en algunos festejos. E l patriotismo de Eos Silos no consiente otros colores que los nacionales. Hay que aprovechar el día; el único de expansión después de los trabajos y fatigas de todo un año. ¡Cuántas veces he oído decir á ciertos privilegiados de la fortuna, en son de extrañeza, viendo los coros de campesinos canarios pasar cantando, á semejanza de los mozos de la antigua Ática: ¡Cómo se divierte VISTA D E ICOD (T E N K R I F E) esagente! ¡Cómo se divierte esa gente! Para sentir esa alegría sana, es preciso cansar antes los músculos en ruda y diaria labor; sudar sobre el terruño, doblarse sobre la azada desde que amanece hasta que suena la campana del Ángelus; matar el hambre con un puñado de gofio para satisfacer el fisco; tiritar con el frío de Eos Rodeos, y abrasarse con el calor del Sur, entre las doradas espigas, que van cayendo bajo el filo de. la cortante hoz; soñar con la lluvia que tarda, con el hijo ausente en América, que tal vez no vuelva... Divertios, esclavos de la tierra; el día es vuestro. Cantad al son del tamboril; bailad el tajaraste que guarda en sus cuatro notas recuerdos de la raza caída, y el Santo Domingo esa danza honesta, ceremoniosa, señorial, que yo quisiera ver transplantada á nuestros salones. Ya sale la procesión: el gentío de los contornos espera apostado en las afueras. Ea Virgen avanza; los cohetes y ios rijijidos atruenan el espacio. Ea sagrada imagen se detiene de cara á la multitud, y, hace tres reverencias. A cada saludo responde un clamor inmenso, una explosión de deseos, súplicas, y exclamaciones: ¡Virgen de la Luz! ¡Madre mía! ¡Acuérdate de mi! y millares de pañuelos se agitan en el aire. El sol contribuye al divino homenaje brillando desde el cénit: para tal cuadro, tal l u minaria; y la Virgen, ante las. manifestaciones piadosas y sinceras de sus fieles, parece sonreír. FOTS. M. AEiA AXTONIO ZEROEG