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Y cierto día llegóse á una ya harta de golpes, aunque lo bastante sufrida y cortés para disimular su desagrado. -S i supiera usted, amigo m í o- l e dijo, repitiendo su fórmula lisonjera, -si viese cuánto me interesa esta vez que encabece la suscripción. Su nombre será ejemplo y estímulo para los demás- -Me duele mucho negarme á un amigo; pero no puedo... -Por pequeña que fuere la cantidad, el favor será inmenso- D e muchas pequeñas se forman las grandes, y no es chica ya la que le he dado á pedacitos. ha. verdad, yo tengo otras obligaciones á que atender. M F i. us i d. -L o P i p r e i d o y le estoy muy agradecido por lo anterior. Será la última petición; pero hoy me hace falta su nombre. Solo por él acudo á usted. -Bien; si necesita sólo mi nombre, si le sirve para algo mi modesto nombre, se lo daré- en cuanto a dinero, no; no me es posible. -Perfectamente; ponga su firma al lado de una cantidad decente, puesto que no ha de desembolsarla; eso no cuesta m a s q u e tinta, y aguijoneará la vanidad de los que siendo tanto como usted no quieran parecer menos. El donante imaginario se apuntó por una más que mediana cantidad sin tener reparo, sino mucho placer en lucirse gratuitamente. N o contento, pero sí esperanzado ¿on lo conseguido, Pérez se fué derecho á la casa de su seo- unda Victini 3. -Las circunstancias, la extrema necesidad me obligan á abusar... Vea usted esta listita que ha iniciado nuestro amigo. Yo no quería; él mismo ha ideado espontáneamente la suscripción v rne recomienda a usted como á persona de calidad. f y -Pero no me es posible por esta vez... ¿Va usted á ser menos que él? -Sí, porque soy menos rico. -A u n q u e sea por una cantidad exigua, le ruego que se suscriba. Eso alentará á los siguientes- Es que no puedo figurar con una cantidad mezquina. -No importa; yo quedo contento. -Pero yo no, porque pareceré tacaño. -I O que pretendo, principalmente, es su nombre. ¿Mi nombre? Pues si se trata de eso, no tengo inconveniente. Pero sólo el nombre- ¡Que hemos de hacerle! Venga sólo el nombre. Y el segundo donante imagina río, sin quedarse corto, s e suscri, bió por suma su i- E p e r i o r á la d e l -primero, p u e s t o que no le costaba nada esta ostentacióii de su generosidad. De súplica en súplica 3 de casa en casa, empleando el mismo procedimiento y con el mismo resultado, Juan P é r e z vio su lista llena de cantidades nominales, siempre aumentadas c o n respecto á las precedentes. Y se halló, al fin, con un capital de v a n i dades inútiles para su estómago. No f u e r o n s i n embargo, inútiles para su enmienda, porque de allí en a d e l a n t e no volvió á sus listas de s u s c r i p c i ó n c o n v e n c i d o de que hasta la vanidad encuentra portillos por donde escapar de la caridad. A p r é n dase y escúlpase en la m moría el cuento para ahí yentar á los pedigüeño EUGENIO DIBUJOS DE MÉ. XDEZ BRINCA SE