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LA LECCIÓN DE NATACIÓN 1 i ADA usted? 1 Ubi Como una bala de cañón. He aquí una pregunta y una respuesta que á estas horas se han oído diez mil veces en nuestras plaj as. Es frecuentísimo presenciar en ellas el espectáculo, que sin vacilación llamaremos denigrante y vergonzoso, de cientos y cientos de muchachas jóvenes, guapas y provistas de la indispensable robustez, que acuden á bailarse, y en cuanto el agua les tapa los tobillos, necesitan el auxilio del bañero ó de la bañera. Esto es una lástima, y nosotros, si pudiéramos, haríamos una campaña en pro de la natación femenina, porcjue nos parece tristísimo el espectáculo que ofrecen, tanto eu las playas del Norte como en las de Levante, todas esas muchachas apiñadas como u n rebaño en corros, por miedo al ímpetu de las olas, ó colgadas de la cuerda, como si fuesen montones de ropa puesta á secar. Por higiene y por estética, por decoro y propia dignidad, toda mujer ioven que se mete en el mar, debe sentir estímulos y deseos de aprender á Sostenerse en las olas y á camina r sobre ellas. Una mujer nadando no es c i e r t a mente un ser vulgar nunca; y en la natación caben tantas coqueterías y tantos refinamientos como en el andar á pie en tierra firme. A d e m á s el nadar es tan fácil en la teoría como en la práctica. Es un ejercicio que la misma Naturaleza ha enseñado á los hombres, y del que éstos se han apartado con el transcurso de la civilización como de otras s a n a s prácticas. Para comentar y explicar en cierto modo las fotografías, diremos que,