Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ESPAÑA VIEJA AGUÍ LAR DE CAMPOO PORTADA DEL PALACIO DEL i l A E Q U É S DE TILLATOREE ijDlco estas breves razones á la memoria de mi malogrado amigo el loven Alberto Peláez PM Quintanilla, muerto en la flor de la edad: alma generosa, inteligencia clarísima, sensibilidad refinada, que sabía vibrar con la música de Wagner y con la poesía de los ruinosos monas- llanuras, según a v a n z a b a e l automóvil, huyesen también los siglos y retrocedieran con el terreno. Antes de entrar en la ruinosa villa, contorneamos el cerro donde se alza el castillo roquero de los señores de Aguilar. Es una rota, medio derrumbada y calva ruina, del mismo color blanquizco del cerro. Dos cubos se alzan todavía como dos cuellos erguidos, sin la cercenada cabeza. Al pie del cerro una oquedad no muy grande, calicata de una cantera tal vez, nos interroga, nos detiene. -Es la tumba de Bernardo del Carpió- -nos dicen, y caemos en la cuenta de que, efectivamente, nos habíamos dejado los siglos y los siglos atrás en la rápida carrera. El alma arrogante, seca y vengativa del héroe leyendario, hijo vengador, como Hamlet, como Orestes, inferior á ellos en pasión personal, superior en patriótico entusiasmo, parece que se cierne sobre aquellos campos yermos que al sol urente de Agosto palidecen y se aterronan. Al pie del cerro, á pocos pasos del sitio donde está enterrado el paladín de la leyenda, penetramos