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EL EQUIPAJE En casa de Andrés Morón y de Vicenta, su esposa, está todo en espantosa y extraña revolución, pues él, que está medio lelo por su Vicenta sin par, la va á llevar á pasar quince días en Pozuelo, y Vicenta, que domina á su esposo, y que es muy rara, un equipaje prepara como si fuese á la China. Seis mundos piensa llenar; entre los muebles revueltos hay ocho ó diez bultos sueltos dispuestos para viajar, y ante el aspecto imponente c ue el aposento presenta, entre Andrés y su Vicenta surge el diálogo siguiente: ¡Pues, hija, no metes nada! ¡Virgen mía del Pilar! -Si tú no lo has de llevar... -No importa; es una bobada, por más que digas que no, llevar junto á las camisas cosas que no son precisas, ni Cristo que lo fundó: ¿Qué has puesto aquí? -El relicario que me regaló mi suegro, y un tonto de BLANCO Y N E G R O que estaba sobre el armario. Y será tina tontería, según tú; mas rne acomoda llevar á Pozuelo toda tu ropa y toda la mía. ¿Qué has metido en las maletas? -Cacharros y otra porción de cosas. ¿Y en el cajón que hay encima? -Dos banquetas. ¿También banquetas? ¡Mujer, esos ya son desvarios! ¡N o te metas en mis líos! ¡Si no me pienso meter! Pero me parecen mal tantos ya, te lo confieso; porque el exceso de peso va á costarme un dineral. En fin... ¿qué va en ese lío? -El retrato de Espartero. ¿Y ahí, qué llevas? -El brasero, por si se levanta frío. ¡Pero, mujer, por favor! ¿Tú estás loca? Vaya, vaya; esto pasa de la raya, y me opongo, sí, señor. Esto es ya tomarme el pelo. ¡Alto el equipaje, pues! ¿Pero qué dices, Andrés? ¿No me llevas á Pozuelo? -No; porque al ver lo que pasa, pienso, querida Vicenta, que va á tenerme más cuenta traerte Pozuelo á casa. J U A N P É R E Z ZÚÑIGA DIBUJO DE SANCHA