Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ií- í í i 4 tf í, f M V N- v FIGURAS ANDALUZAS E L o r l o J 0. LQXJIEriTO 1, tío Joaquiíiito tiene tina tiendeciUa llena de enjalmas, ataharres, pretales, jáquimas: él es albardonero; vive en una vieja ciudad de la serranía rondeña. Las calles de este pueblo son angostas, empinadas; no pueden transitar por ellas los carros; los médicos, todas las mañanas, van de casa en casa montados en vivos niulitos sin herrajes. A una banda déla ciudad aparece un tajo profundo, en el fondo del cual se desliza sinuoso un río de aguas terrosas, amarillentas; á la otra banda, se muestra también otro hondo tajo, por el que discurre, manso, silencioso, el misr. io río. A lo lejos se divisa una cordillera de azul obscuro. Y sobre la cresta de la montaña, entre los dos abismos, las casitas blancas se apretujan, saltan unas sobre otras, se encogen, forman las callejuelas tortuosas, resbaladizas. Arriba, el cielo es radiante. Se oyen de cuando en cuando unos pasos sonoros; un vendedor lanza en el silencio profundo un grito largo. Y en los dos hondos tajos, sobre las higueras silvestres 5 las ortigas que los exornan, los cernícalos vuelan pausados 5 chillan de cuando en cuando con graznidos agudos... Al borde de uno de estos tajos, al final de una larga calleja, formada en uno de sus lados por un bajo pretil que deja ver el ancho panorama, tiene su tiendecilla el tío Joaquinito. No pasa nadie por esta vía; todo está en reposo. En las jambas 5 en el dintel de la puerta liaj colgados manojos de llaves viejas, trampas para pájaros, cerraduras mohosas, trébedes, cuchillos; dentro destacan, con sus toscos bordados en vivos colores, rojos, verdes, amarillos, los ataharres y las jáquimas. El tío Joaquinito está sentado junto á una mesilla terrera; entre sus piernas tiene una albarda; en su mano derecha blando un largo agujón. Ya este hoiubrc sencillo es nuestro amigo, y nosotros- -que no sabemos lo Cjue hacer en este pueblo- -hemos venido á reposarnos en su tienda, como todos los días. ¿Qué tal, tío Joacjuiuito? ¿Cómo va? -Mu bie, mti bie... El dice con voz jovial que todo marcha bien; pero en realidad, cuando la conversación avanza, enan; lo sacáis vuestra petaca y le ofrecéis un cigarro, cuando la confianza ha quedado 5 a establecida, él 3 S confiesa que las cosas no están como debieran. Ante todo, el tío Joaquinito tiene una secreta pesadumbre: si él no se hubiera venido del servicio, el sería á estas horas teniente general. -Cabo Jiméne, no se vaya iité, me desía er capitá; cabo Jiméne, no se vaya uté, que uté hará aquí carrera... El tío Joaquinito calla un momento; después añade con tristeza: -Yo sería á cta hora teniente genera... -Y usted, tío Joacjuinito- -le preguntáis, ¿qué hizo cuando se vino del servicio?