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F, L PRf, CIPF, ALBERTO, EN TRAJE DE JIOTOCICUSTA, DKI ÜRTE Af, QL R i EMÍ CJ AN AFJCTÓN f jfí NO de los seres más felices y envidiables de la tierra, al menos según el criterio á que liabitualmente obedece nuestra estimación de la felicidad huniaua, es el jríncipe Honorato Carlos Alberto de Griri ildi, príncipe de Monaco, duque de Valentinois, Grande de España como descendiente de los Borjas, por llevar este titulo que usó e! terrible Cesar, monstruo de liviaudades y perfidias, según algunos, gran artista y político, según otros. El príncipe Alberto de Monaco tiene cincuenta y seis años. Nació el 13 de Noviembre de 1848, y es hijo del príncipe Carlos III. En su juventud vistió el uniforme de la Armada española. vSirvió en la Marina francesa durante la. guerra fianco- iirusiaua, y terminada ésta no abaudo nó su afición á la vida marítima. El príncipe de Monaco es un gran enamorado del mar, y en él vive, á bordo de un magnífico yate de recreo, todo el tiempo que puede. Pero no se crea que la pasión del príncipe de Monaco por el mar es puramente romántica, ni consiste en una mera delectación estética. El príncipe no es un píicta, ó si lo es, viene á serlo por modo eminente, como son poetas hoy día todos los hombres que consagran su vida a la ciencia desinteresada y noblemente. Sus jiririieros viajes de larga navegación á bordo de la goleta L rlirondelle tuvieron por objeto estudiar con atención y tomar notas acerca de las variaciones d é l a eorriente del golfo (Gulf- Stream) y de otras menos conocidas corrientes oceánicas, CUYO conocimiento siempre es necesario, pero aún más hoy día por el aumento cr. órme de la navegación trasatlántica y las velocidades pasmosas que en ella se consiguen. El príncipe Alberto de Monaco ha medido la profundidad de las guas en infinidad de puntos del Océano; ha íijado y precisado muchos peligros de! mar, y prestado con ello eminentes servicios á la navegación. No contento con esto, ha realizado notables estudios de biología marítima, y continuamente presenta comunicaciones y memorias á la Academia de Ciencias de París acerca de sus descubrimientos. Por otra parte, celosísimo de la gloria de su pequeño Estado, el príncipe de Monaco ha reunido en su palacio una magnífica colección diplomática, que va publicando con gran esmero, y cuyos documentos encierran el más alto interés, no sólo para iá liistoiia dei Priiicipado de Monaco, sino también para la de las demás nacionalidades italianas y para la do nuestro país. En resumen: si una existencia activa, de coristaute ocupación intelectual y de estudio de los asuntos más en armonía con sus inclinaciones naturales puede hacer feliz á un hombre, no cabe dudar lo ya dicho: que el príncipe Alberto de Monaco es uno de los hombres más felices del mundo. yj? MASEL RT, PP INCTPK AT. BKRTO Fots. Clmsseau- riaviens KN SU LABORATORIO JJIÍI, NUJÍVO MUSEO OCEANOGRÁriCO