Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-Pero es qué o soy él autor d é l a obra, y dueño, por tanto, de hacer ei repailo que guste. Ese papel está escrito para usted, y sólo usted lia de representarlo. ¡Oh, gracias! Eu cambio, j o procuraré hacerlo á conciencia. Tengo mi plan trazado, y como me salga bien, me prometo que resulte ia verdad misma. III- ¿De modo que no se h a olvidado usted de mí, hermana? -No, señora. Ahora se lo confieso. Yo no había hablado nunca con cómica alguna; ¡no se ofenda usted! tenia formada de ellas muy mala opinión... ¡Y no iba usted quizás descaminada! -Pues juzgándolas á todas por usted, confieso que he rectificado éste prejuicio. He visto mucho mundo, señora; lie vivido siempre entre éldolor, que es donde no se cuida nunca de disfrazar los sentimientos, 3 ese hábito de mirar en las almas me ha hecho la mirada más profunda. ¡Dios mío! ¡Si adivinará! ¿De modo que en mí... -En usted, en lo que hablamos durante el viaje, pude entrever un corazón honrado y bueno. -ilil gracias por su opinión. Y puesto que me es tan favorable, ella me servirá para que u. sted me ayude en mi propósito. ¿Sabe usted el objeto que me trae? ¡Si es usted tan amable que riie lo dice! -Pues entrar de novicia en esta rectoral. ¡Ave jMaría Purísima! ¿Usted? ¿Usted que, aunque j o lo ignorara, parece que tiene un nom Dre que traen y llevan las trompetas de la fama? ¿Usted, rica, mimada de la fortuna? -Y o sí, señora, con todas esas condiciones. -Pero no me tache de indiscreta, y si lo soy, dispénseme; la toca me obliga á ello. ¿I,o ha pensado usted bien? ¿No la trae aquí una falsa vocación, un sentimentalismo que pasa? -Creo mi resolución firme, hermana. -Bien, bien. En último caso, se halla usted en su derecho. Disimule usted mi insistencia. ly ¡IMagnífico, sublime! -lis una creación hermosísima la que usted ha hecho. -No se 03 e otra cosa por los pasillos. Una hermana de la Caridad traisladada á la escena, si eso fuera posible, no resultaría más real. -El entusiasmo es tremendo en la sala. Si el ptiblico cupiera aquí, todo él en masa estaría en este instante en su cuarto de usted postrado á sus plantas. ¿Pero dónde ha ido usted á sorprender esos detalles? En confianza, Anita, ¿es verdad lo que se cuenta, lo que dicen por ahí? ¿Qué dicen? -Que todo este tiempo que usted ha estado sin dar señales de vida y sin saberse á punto fijo si enferma ó viajando, lo ha pasado usted en un asilo estudiando el papel del natural, pretextando un n o viciado... ¡Qué cosas zumba el aguijón de oro de- la maledicencia, señores! ¡Ah! el timbre suena. He aquí el tra, spunte. Se va á empezar el último acto. -Vamos á terminar el éxito. L, a ovación final va á ser estruendosa. -Adiós, señores... En el arte he vencid o p e r o n o en el amor. Y ¿Cómo? ¿otra vez aquí? Ah, sí! No me -w- 5. rechace usted, hermana. Ahora es de veras, d e f i n i t i v a mente. La vez anterior me traía el arte; quise conocer la vida que se hace en estas santas casas, enjugando lágrinms para dar verdad á nii pa- peí; ¡perdón, perdón por mi osadía! pero h d e s p u é s d e haber p e r m a n e c i d o tres meses entre ustedes, he visto á tina luz tan clara y con tanta crudeza aquellas miserias, que aquí me vue en busca de la calma del l e n c i o 5 de la paz de obscuridad, consagrada dolor. AwoNSO PÉREZ NIEVA DIBUJOS DE HEGIDOR jjj