Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CUENTO RAlíO LA HIJA DEL TÍO MALGENIO livar se sj yT i. T. prir L- 1 íifío 23 ciiitTííIo la caiiipifiji cordobesa er; i un inÍK- rno y cii t n 3ii olivar si líroteaIcrii nifts í í baii i: r- r. í y biuuiPí, h a b í a r Limtiía y Cabra uiía g r a n vi: nla, y cu flt; i un vtol Í J n Liiabí cjtie un tlolor, Cuantas traihiaiiles y a r r í t r o s hati an alto aUÚ pcrtiojiaban al casc: irrabias y nnnjii en ¡gracia á su IIÍJLI. u n a r t a l h t m b r i que vaJía nn Perú. Kra alta y rabí. rc- fia y K irhos: i: j albmleaba su a Llt í camjañés con mas y r a d a que u n a i Iw i su uiantr mi eran pomposas sius caileraü. arro; íaiite inatroueHcü el busto, y tuda su iersoii: i í- e l l t v a b a detrás los ojos. l r o ¡tor cJiu: de tales jirs udas. avalorandiil; is y jioeíí iíiuloías k uiísUncí, Ciirujen la lact- ntina U Tiin aureolas de allivtv. Hra desdefíiísa eiiu unijestad, y cid a suyo, t: sí niv. i.ii d p un requíeliro ardiL- uten s a c á b a n l a s y m: LS deseos, Comn ÍIe en; i, por quien ardió Troya, esta campiñej a gentil eiieenibó í ufrra de cfirtijn. í afiaiics y bürtelaUo j jieleaban por ella de- U m las Ji (idie de venino, la diiba serenata en la reja; aijuél, ciianOo el luviirrrio tva erudísiiuo, la enviaba uu nianli fU d e nlfonibra; el o t r o la íiupliciba caria mcü. y el de uj ¿s allá, cada día iba á ro arla por a m o r de Dios, que le ailniiliese al fin pnr novio, Jistaurlo así las ctísiis llcjíó un anochecer á la v e n t a u n a íinerrilla d e b a s t a veinte honibres derroairados, molidos, bechtis u n a Iiihtiuia, Kiíin d e la partida d e Bcsiicrcs; dísucttos en Zambra por ana colauína dt- Moreno venían á tiiá. v a n d a r á a m p a r a r s e en la venta, y al lío Afir i -H se le vio por primera v e r t i n Keeibiólos el hoinbre en pabua dijo y t r o n ó contra 1o s Mtiurot; ensal ó A Rie ío y á Torrijos, y inienlraíise c o c í a l a gran olla, y en lauii q u e se tendían los manteles, cauto el ventero su estríbdlu; R le nflrií tCaí c i (r rnri ntjií Celebraron los guerrilleros el i! id h: couiitron como lobos el K- ulsote. y va de sobremesa, el oficial q u e los m a n d a b a se dispuso á fumar n pipa, Carmen, en tanto, parecía ¡indar cavilosa. Hl vcutero, coíi g r a n re aüo, la dijo que ss: hiciese: aumble. que Ta de toda precisión h o u r a r á valientes como aquéllos, y. eu fin. q u e si n o entablaba palique con el oficial, la iba l baeer y acontecer. í né milagro; b né miedo? La crónica niF inquirió el molivo; n s se dice qUL á ta media hora, con n- it- udiradu resjo cijo del ventero, Carmen y el oíicial babían liado la t a r a m a y hablaban y se reían como UÍJVÍOS. u W A la otra m a ñ a n a cuando el ventero nuiaueciÓH no había un alma en la venta. Ni Carinen, ni soldados, ui oficial; solamente sobre las sillas estaban los rolos unlfonnes y, apilados en un rincílu, bis veínlG fusiles írnerrilleros. A Ja misma liora, unos veinte paisanos, i i caballo, trotaban camino de Luccua, D d a u t e un SL: uorUo llevaba á Carmen á la grupa. CiiiSTOuAL ui; CASTRO