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hU ífíáfAS escenas de este veriüico relato tienen lugar en cierto respetable colegio de religiosas dominicas, donde reciben enseñanza niuclias educandas, que sólo dan tregua á sus tareas escolares los domingos. ¡Bueno fuera que no se observase el descanso dominical en un colegio de dominicas! Entre las niñas que allí se instruyen bajo la férula ele ilustradas 3 rígidas monjas francesas, hay algunas de la epidermis de Satanás (vulgo piel del diablo y de éstas, unas pertenecen á la privilegiada clase de mosquitas muertas, y otras al gremio de revoltosas sin hipócritas atenuaciones. Un grupo correspondiente á esta última especie, compuesto de señoritas graciosas, vivarachas, un tanto atrevidas y dotadas de esa simpatía cjuc inspiran las criaturas ingeniosamente revoltosas, habíase impuesto la obligación de inventar y llevar á cabo diversas novatadas á heneficio de las candidas niñas que ingresaban en el establecimiento. ís o há muchos meses tocó en suerte á la hija de u n amigo mío entrar en el aludido colegio francés, y la infeliz no se libró de la novatada correspondiente, que me refirió el padre, y que por lo chusca merece ser publicada, Hay que advertir que no sólo aciuellas buenas madres enseñan en francés, sino que obligan á las educandas á que todo lo hablen en el idioma de Dreyfus, logrando así que las niñas se enseñen la lengua unas á otras, y n a d a pueden pedir á las profesoras en español, pues de seguro así no lo consiguen. La niña de mi amigo entró en el e. stablecimiento sin saber una p) alabra de francés, y el grupo de revoltosas, so pretexto de aleccionarla cu las prácticas escolares, se apoderaron de ella con el indino propósito de hacerla víctima de la barrabasada de moda á la sazón, y reírse grandemente á costa de la infeliz. Y aquí viene la novatada. Una de las educandas más talludas y más traviesas, cogió por su cuenta á la nueva compañera y la dijo con fingido aire de misterio: -Mira, las profesoras de este colegio son muy raras y mu 3 severas, hasta el punto de que no permiten á las niñas salir á evacuar necesidad alguna más que los sábados. La nueva educanda quedó asombrada de tan cruel disposición, y por si su consejera no se hallaba bien informada, consultó secretamente el caso con otra muchacha del mismo grupo que la primera. -Para que te convenzas de C ue no te engañamos- -la dijo la interpelada, -hoy mismo, cuando estemos en clase, pide permiso á la profesora para salir á... eso. Por supuesto, en francés. ¿Y cómo, si yo todavía no entiendo una palabra? -P u e s así, fíjate eM -Madame: ¿voulez vous me changer les hillets par les reconipenses? La inocente niña escuchó con gran atención estas palabras; las aprendió como un papagayo de instrucción primaria, y pocas horas después, en plena clase de geografía, rodeada de sus menos piadosas compañeras, que aguardaban el momento para gozar con los apuros de su víctima, ésta se decidió á formular ante la profesora la petición consabida. Pero n o fué por la curiosidad de conocer el resultado, sino porque real y efectivamente la urgía de un modo desesperado lograr el permiso que solicitaba. ¡Madame -exclamó d e s e n c a j a d a y lívida- ¡voulez voas me changer les hillets peer les recom. penses (x) -N est pas possible, mademoisellc, -respondió s e c a m e n t e la profesora. -N est paspossible jusqu au samedí, qui cst le jour designépour faire cela. Con lágrimas en los ojos suplicó á la monja, terminada la clase, queda tradujese aquella respuesta; y compadecida la profesora, la dijo haciendo con ella singularísima excepción: -He contestado á la pregunta de usted que no es posible acceder á su petición hasta el sábado, que es el día designado para hacer eso ¿Y n o cabe apelación? ¡Oh, no! de ningún modo podemos hacer caso de la impaciencia de usted, verdaderamente extraña. La pobre chica vio con asombro confirmada la observación de sus diabólicas compañeras, que rieron á carcajadas los naturales y terribles apuros de la nueva educanda, á la que por fin desengañaron, para no dar á la novatada caracteres más crueles. Enseñáronla inmediatamente á pedir lo que quería con las palabras propias del caso, y no tardó la infeliz en quedar completamente tranquila. Nada más he vrtelto á saber respecto á las novatadas del famoso colegio. Lo que sí me consta es que hoy la niña de nii amigo, cleseosa de tomarse la revancha, figura en el grupo de las educandas más revoltosas. (1) Seíioni; ¿quiero ustoU Cíuubiariiie los vales por premios? JUAN PÉREZ ZUNIGA