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lámpara de Rcalle tendía su lengua de fuego, á intervalos. La arisca intrepidez del mozo irguióse en la calma del paraje. Como liturgia de un rito prehi. stórico, comenzó á trazar en el aire ademanes llenos de misterio. Culebreaba, silbador, el garrote en giros aventureros, cual si concitase á alzarse á algún misterioso enemigo. Lueg O, sobre las relucientes losas del atrio de la ermita, arrodillóse J u a n y rezongó un rezo. Ya la noche había volcado su urna de sombras sobre la tierra, y algunas estrellas destilaban gotas de luz. Se encaminó á la taberna de Pacha, conciliábulo de los más temerosos mineros. Estaba situada en u n a linde de la carretera. Desde muy lejos se oían voces y broncos aullidos. La puertecilla, abierta de par en par, tendía sobre la carretera un cuadro de claridad pajiza. De pronto, sobre la espesa luz que vertía la entrada del antro, recortóse la silueta ruda del niocetón. Como venía de lo obscuro, deslumhrado con el reflejo de las bombillas, su rostro ingenuo y enjuto tomó un gesto jauto. ¿Qué quieres, guapo mozo? -le preguntó un minero llamado el Chato de Villa ranea, sin duda por la nada helénica conformación de su apéndice nasal. -Do que queréis vosotros. ¿Soy menos que vosotros? -Tú eres un infeliz, y nosotros somos hombres con toda la barba. Juan se puso colorado ha. stalas orejas. El no tenía, en efecto, ui toda la bai- ba ni parte de ella. Estaba lampiño como un efebo, y en aquella ocasión antojósele el mayor infortunio. -Con eso y con todo, yo faigo lo que cualquiera de vosotros faga. En el coro de carcajadas destacó la voz nasal del Chato. Se dijera que el tal hombre hablaba por las ventanillas de la nariz. -Vamos á verlo. -Más tarde. Ahora siéntate. ¿Qué quieres tomar? ¿Te atreves con rascatripas? -Con todo. -Una copa de aguardiente. Ei venenoso licor, de cristalina y pura apariencia, le abrasó las entrañas. ¿Otra? ¿Por qué no? Y otras muchas. El vaho del tugurio se espesaba hasta ahogarle. ¡Cuánta diferencia de aquella mixtura á la alegría dorada de la sidra, rubia como una mociquina de la tierra, de la sidra suave como los besos furtivos al amparo del hórreo! -Ahora... ¡afuera! Los dos hombres salieron al campo. La tibieza de la noche se posó sobre la frente del rapaz como una mano invisible, y todas las estrellas de la noche cayeron sobre sus ojos, hendiéndoles con punzadas luminosas. ¿Adonde vamos? ¿Tienes miedo? -Non. -Entonces, al puente del molino. ¿Al puente del molín? -Sí. Caminaron largo trecho sin decir palabra. El grave murmurio del torrente iba acercándose. -Ya estamos. El minero se sentó en el pretil. ¿Te atreves á tirar al agua al primero que pase? Temblaban las estrellas en la altura, y su resplandor se quebraba culebreando sobre la inquietud cristalina del agua profunda. -Afogárase... ¿Y á ti qué más te da que se ahogue? ¿Te atreves... Eres un cobarde. DIBUJOS DE EEGIDOE -Eso no. Me atrevo. La noche era sosegada. El torrente se adormecía en su queja pei enne. -Non pasa nadie. Dejarémo. slo pa otro día. -Ya pasará. Al cabo de media hora, en la revuelta de la carretera que se alcanzaba á ver vagamente á la luz derretida de los luceros, apareció un bulto pequeñuelo, mezquino. ¿Y si ye un neño? -Igual da. Juan sintió nri calofrío de espanto. El bulto avanzaba á curvos saltitos, como u n pájaro ebrio. -Es mi padre. -Igual da. Quiso responder el mozo, y t Era como si el torrente embravecido le inundase el pecho ha. sta la garganta. ¿Tiemblas? Te arrojo á tí y á él, Las manos del Chato hincaron sus dedos, duros y fríos, de piedra, en el brazo de Juan. -Sí. Me atrevo. Entonces, Francisco, el viejo menudo y vivaracho comenzó á entonar una canción entre dientes. -Ahora. De un salto ladino, J u a n colocóse á su espalda, lo asió por la cintura, y levantándole á la altura de su cabeza, lo arrojó con marcial ímpetu al torrente. El viejo no tuvo tiempo de gritar. Su cuerpo chapoteó Jaorriblemente en el tumulto vertiginoso de las aguas y se perdió á poco. E l Chato de Villa ranea afirmó c o n t o n o d o g m á t i c o -Eres un valiente. Ya has hecho la prueba. RAMÓN- P É R E Z D E AYAL- A